miércoles, 23 de noviembre de 2011

capitulo 17


Eran las ocho de la tarde de los primeros días de Febrero. Cuando Amie pronunció aquellas palabras no pudo decir nada. Sintió como su voz se congelaba creando millones de aristas que rasgaban los en vano intentos por reaccionar. “Aytor ha vuelto a la ciudad, Maya. ¿Qué vas a hacer?” Un nudo en la garganta le impedía respirar y el latido de su corazón se aceleraba con cada segundo. Escalofríos punzantes recorriendo su espalda. Apenas pudo controlar sus manos buscando las llaves del coche, tenía que llegar a casa cuanto antes.

-Ni hablar, no vas a ir a buscarlo.
-Amie, déjame. Necesito hablar con él, saber por qué se fue sin más aun sabiendo lo que eso suponía.
-Maya, joder, sabes de sobra lo que ocurrirá. Te pedirá perdón tantas veces como haga falta para volver a tenerte. Y volver a mentirte y volver a irse.
-Quizá le ocurrió algo. Quizá tuvo razones. Fui yo quien lo bloqueó de cualquier medio para ponerse en contacto conmigo.
-Y fue él quien cambió de móvil cuando decidiste llamarlo. Quien cambio de correo y cerro su cuenta en el facebook.
-Ya sabes cómo eran nuestras peleas, Amie. O todo o nada, siempre en extremos, en blancos o en negros. Siempre hemos tenido demasiado orgullo.
-No. Él siempre ha tenido demasiado orgullo. Tú deberías buscar el tuyo, no te reconozco. Esta noche te quedas en mi casa te guste o no. Duerme y descansa o pásate toda la noche en vela escribiendo, desahogándote o ahogándote aun mas, pero te quedas. Mañana, en frio, volvemos a hablar.


(….)


Noche en vela Parte I:

Estoy perdida. Perdida y sin saber a dónde ir. Supongo que por eso te sigo buscando, Aytor, ya ni siquiera sé si te conozco. Deberías verme ahora mismo, tengo el corazón envuelto en un trapo de astillas. Es como una bala que ha perdido el rumbo y me alcanza cada vez que creo saber quién soy. Saber quién eres. Son las cuatro de la mañana de lo que parece la noche más larga de mi vida. Mañana fingiré tener valor.  


Y mientras el humo de la última calada entraba en sus pulmones, se consumían como aquel cigarrillo, sus esperanzas. Necesito gritar, gritar a todo, a nada. A todos y a nadie. A mí misma. El frío del invierno ha conseguido colarse en todos sus sueños. Ya no siente, ni piensa, ni llora. Y cómo avanzar -dice, si cada paso es un nuevo obstáculo que no quiere vencer. Si pensar en esto es sumergirse en infinitas preguntas que no quiere responder. “Ojalá no te hubieras ido, -piensa. Ojalá tan solo hubiésemos terminado”. Todo sería más fácil. Todo tendría, aunque sólo fuera, un poco más de sentido. Pero te fuiste, y aceptarlo debería ser el primer paso. Luego, mirarte a los ojos. Olvidarte nunca estuvo entre mis planes, pero ahora, paralizada ante cualquier atisbo de tu regreso, mentiría si dijera que quiero besarte. Lo que quiero es olvidar tus labios. Recordar tus consejos nunca fue tan complicado. Nunca, como cuando no quiero escucharlos. Recuerdo cuando decías que si forzaba el puzle las piezas no encajarían. Supongo que si me vieras ahora, pegando con superglú los trozos de nuestra historia, tampoco tú podrías reconocerme. Nunca me había alejado tanto de la persona que suelo ser. De lo que soy. Y ahora, frente al espejo, tiemblo al ver en lo que me he convertido. En lo que a cada minuto me convierto más y más. Un peluche de trapo con el que el destino prueba su suerte. Dime, ¿..qué hago ahora, si he olvidado por completo las instrucciones de mi vida?. Un mar repleto de dudas sin saber nadar. Al menos antes, navegabas conmigo. Ahora en cambio me pregunto dónde acaba esta marea, cuándo para la tormenta. Quizá no seas tú el problema, Aytor. Quizá he inventado la necesidad de necesitarte por miedo a naufragar. Contigo como objeto de todas mis noches, dejo a un lado lo demás. Lo que debería apreciar. Si te doy mis besos y tú apartas la mirada. Y con sólo una caricia fuera de la carta, te marchas de mi vida sin decir nada. Es la más dolorosa de todas las jugadas, saber que apuestas mi sonrisa a una mano robada. La que decide si esta noche me llamas o me dejas, vienes o te vas. Si. Pensar en que tú eres el peor de mis problemas o la mejor adicción que acabará conmigo, es el camino fácil que desde hace ya sesenta noches, recorro sola. Una travesía cuesta abajo. El reto de llegar viva al otro lado, sin volante, ni frenos, ni tus manos. Porque buscarte a ti es la mejor escusa para no encontrarme a mí. Y verme, con los ojos cerrados y sin apenas luz, en lo que nunca habría deseado convertirme. Alguien sin voz y con el único deseo de gritar a todo, a nada. A todos, y a nadie. A ti, y a mí.

(….)

Mónica Gae.




domingo, 20 de noviembre de 2011

capitulo 16

¿Sabes? De pequeño nunca me creí los cuentos que mi madre me leía. En lugar de dejarme dormido, conseguían sonsacarme un sinfín de preguntas que luego me dejaban mirando al techo durante horas. ¿Por qué el príncipe tiene que ser azul y la princesa rubia? ¿Por qué nadie escucha a bruja? Quizás lo único que quiere es un poco mas de protagonismo. ¿Por qué siguen montando a caballo y enamorándose en un bosque lleno de animalitos salvajes totalmente domados? Deberían actualizarlos un poco, ya sabes. Cambiar el castillo por el bar de siempre, el caballo por un Nissan cualquiera y los paseos por el prado por intentos de caminar rectos haciendo paradas en cada portal.

No sé qué o quién te ha destrozado tanto para que tengas que irte de esta manera, pero ojala sea consciente del daño que te ha hecho para no volver a repetirlo. Si pudiera, te retendría una noche más y me inventaría un cuento –pero uno de los buenos- para que volvieras a creer en ellos. Seguramente yo sería el malo, el azul nunca me ha quedado bien, pero te aseguro que acabaría enamorando a la chica del aeropuerto amante del ballantines (véase nuevo concepto de princesa) y, bueno, no habrían castillos con doncellas ni malvadas madrastras pero, conozco una playa preciosa a pocos minutos de mi casa en Oeiras.

Francis.


(….)


-Por favor, parece que tengas un imán para todos los empalagosos del planeta. Dejando a un lado las ganas de potar que me acabas de provocar, dime que lo llamaste nada mas leer la carta.
-No nos dimos los teléfonos.
-¿Pero qué cojones pasa contigo? ¿Ni Facebook? ¿Correo electrónico? ¿Nada? Llevas años describiéndome lo que buscas en un tío, y cuando llega el Edward Cullen versión portuguesa, vas y lo dejas ..así, sin más?
-Amie, joder. Pensaba que estarías de acuerdo. Tu siempre dices que en el fondo son todos iguales, que tienen los valores calcados como fotocopias y que por mucho que aguanten, un día les cambia el chip y se vuelven gilipollas.
-Eso es básicamente la experiencia de mi vida, Maya, si te digo eso es porque no quiero que tu también pases por lo mismo. Pero vamos, ¿estás de broma?, los tíos que a ti te gustan no tienen chips. Tienen un osito de peluche empalagoso y lleno de ñoñerías a modo de corazón y rebosan frases de Federico Moccia por cada poro de su cuerpo.
-¿Y qué me dices de Aytor? El también parecía perfecto. De hecho el único defecto que tuvo fue desaparecer.
-No me toques los cojones, Maya. Aytor era sentimentalmente inestable y lo mismo te quería que te odiaba en cuestión de minutos.
-No digas eso, por favor. Eso no. Aytor nunca me odio. Tenía sus momentos y su forma de querer, pero  me quería.
-Te juro que no tenía intención de decirte nada, Maya, pero, no sé, quizás no deba decírtelo, nadie le tiene tantas ganas a ese tío pero..
-Suéltalo ya, ¿Qué pasa?
-Anoche fui a tu casa a por el vestido que me dejé y me lo encontré apoyado en tu puerta. Aytor ha vuelto a la ciudad, Maya.

¿Qué vas a hacer?



(….)



Mónica Gae.

jueves, 17 de noviembre de 2011

capitulo 15


Nadie cambia en cuestión de días. Nadie.

Son las tres de la mañana de cualquier día de Enero, de los últimos. El termómetro ronda los cuatro grados y, completamente sola, tirita de frio. Quizá de miedo. Pero salir de aquella manera de esa habitación no era algo que pudiera elegir. Necesitaba un felicesparasiempre aunque el parasiempre solo durase un día. Una noche.  Apenas hay estrellas y el suelo de aquel portal esta húmedo, frio. Temblando y sin apenas sentir la punta de los dedos, consigue alcanzar la pitillera. Bendito vicio mortal y amargo.

-¿Te puedo acompañar?
-Francis. Vuelve al hotel, por favor.
-Perdona, tenía que intentarlo una última vez. Toma esto, ábrela cuando puedas leerla tranquilamente. Me alegra haberte conocido, Maya. De verdad. Me acordare de ti en cada escala alicantina que tenga que volver a hacer.


(….)


El coche esta tan congelado como mi interior –piensa. Son las cinco de la mañana, y tras veinte minutos en el coche recuerda sus últimos meses. Yo no he hecho nada para merecerme esto. No he hecho nada para tener que sentirme así, para tener que comportarme así, joder. La angustia que ahora es dueña de su estomago solo la había notado una vez antes, Aytor.

[..Aytor… ¿Qué será de ti ahora? ¿Qué estarás haciendo en este mismo instante? ¿Te seguiras acordando de mi? ¿Por qué desapareciste de esa manera? Yo te quería, Aytor, te quería de verdad.  A veces creo que aun te quiero, cuando me acuerdo de cómo tocabas la guitarra en el sofá mientras yo intentaba distraerte para que te confundieras. Cuando me reía de tu pelo por las mañanas y tú te ponías rojo. Mi Rosácea favorita..  ¿Sabes? Creo que añoro incluso nuestros peores momentos, tus días bipolares y los míos. Cuando me decías que en realidad no querías quererme, que te arrepentías de haberme conocido y que sabias que, cualquier día, me iría sin más. Sin avisarte. Desaparecería. (Suena muy irónico ahora.) Pero sobre todo echo de menos el final de esas discusiones. Porque eras tú el primero que lloraba, y venias a abrazarme pretendiendo que te diera fuerzas, dejando bien claro que cuando se te pasara la tontería, seguiríamos con la pelea. Te juro que daría mi vida por poder olvidarte, Aytor..]

Las imágenes de los días con Aytor la han paralizado. Ahora mismo ni siquiera está pendiente de la carretera, no ve ni escucha nada, como en las películas en las que de repente se para el sonido y aparece un primer plano de los ojos de la protagonista, con la mirada perdida a lo lejos. Frena de golpe. Dos coches pasan pitando a su izquierda mientras gesticulan con el brazo, uno casi rozando su retrovisor. ¿Qué estoy haciendo con mi vida? ¿Qué coño acaba de pasarme? Reacciona. Tengo veinte años y la sensación de haber muerto cientos de veces. Las palabras te echo de menos son las cuatro puñaladas más eficaces que jamás ha probado su piel. La frase “nunca olvides tus errores” se acomoda ahora en el asiento de al lado. Para no olvidarlos antes has debido cometer alguno. Sin avisar, un bostezo le invade el rostro susurrándole las fuerzas para pronunciar estas palabras: El único error que he cometido, es pensar que podía sacarte de mi vida saliendo ilesa. El único error que he cometido es coger el coche y pensar que con cada kilometro me alejaba de ti, mientras me perdía un poco más en el laberinto de ningún lugar. El único error que he cometido, es pensar que si seguía cavando aparecería en la otra punta del mundo y tú no estarías allí.

El último, es haber salido de aquella habitación.


(….)


Mónica Gae.


sábado, 5 de noviembre de 2011

capiutlo 14

Fue justo en el instante en que mis manos rozaron las suyas. Justo entonces me di cuenta de que no podría parar. De que no quería parar. Quizás fueron los cinco ballantines y aquella peculiar gelatina  de vodka. Quizás. Aunque quizás eso no tuvo nada que ver. Sus ojos eran imnotizantes, si, ellos fueron los culpables. O aquel gorrito semicaido que le dejaba unos pocos mechones de pelo castaño a la vista. O aquella nariz que fruncía a cada sorbo de Gin Tonic como un niño pequeño al tomar jarabe. Definitivamente, habían demasiados posibles culpables como para señalar a uno solo como responsable de este capítulo.

-¿Dónde vamos?
-¿Confías en mi?
-Dímelo tú,  ¿…debería?
-Sí.
Subimos las escaleras de aquel hotel haciendo de cada rellano nuestro propio rincón donde explotar. Sus labios eran mucho más suaves de lo que parecían a simple vista. Besos al unísono de una canción inventada. Es ésta, habitación 218. Justo entonces, un esbozo de realidad asaltó mi mente. Me separé de él unos centímetros y lo miré a los ojos. Brillaban. Preciosos. “…necesito que me prometas algo antes de entrar ahí. Necesito que lo prometas y no puedes preguntarme el qué. Al menos por ahora.” Se apartó lentamente y pinceló una pequeña sonrisa. “Me encantas. Sea lo que sea, te lo prometo.”

Mis manos jugaban con su pelo entre besos mientras nos acercábamos a la cama. En mi cabeza sonaba tomorrow never interrumpida por susurros fatigados. Ésa es la mejor música.
-¿Debo temer por la promesa que te he hecho?
Esta vez fui yo quien se apartó unos centímetros dibujando una leve sonrisa, pícara. –Eso depende de lo que escondas tras toda esa armadura intocable de seguridad y encanto. De si es real o sólo una fachada.
-¿Intocable? Creo que tus manos no opinan lo mismo.

(….)

Es media noche, han pasado once horas desde que entramos a la habitación. El mini bar ya esta vacío y, como estudiante de enfermería diría que hay un riesgo más que probable de inminente deshidratación. Nunca había merecido tanto la pena hablar con un desconocido  –pensé. Tiene un lunar justo al lado del ombligo, hacia abajo y a la izquierda, del que creo que me he enamorado. Su piel es pálida como la porcelana, perfecta. Podría jurar haber contado cientos de diminutas pecas repartidas por todo su cuerpo.  Mi nueva constelación. Tiene una cicatriz en la tibia y un tatuaje detrás de la oreja  ไม่เคยลืมความผิดพลาดของคุณ

-¿Qué pone?
-Eso nunca se lo he dicho a nadie. ¿Cuándo podré saber lo que te he prometido?
-Justo antes de marcharme, ten paciencia. Quizás lo que pasa es que nadie antes ha merecido saberlo.  

(….)

Supongo que ahora es cuando me reinvento. Cuando me autoconvenzo de que soy totalmente distinta de la persona que era cuando pisé el aeropuerto. El insomnio estaba acabando conmigo, la soledad de la noche únicamente comparada a la soledad de mi alma. Quizás sea verdad. Quizás realmente haya cambiado. Lo único de lo que tiene ahora miedo es de poder pagar el precio de llevar las riendas. Un precio en forma de puñal que clavara en todo aquel que ose conocer su nombre.
-Me llamo Maya. Es lo único que puedes saber de mí. Sin apellidos, ni teléfonos o una dirección. Necesito saber que puedo hacer esto antes de desaparecer por completo. La promesa es simple. Después del último beso saldré por la puerta y no podrás seguirme. Yo no volveré a buscarte y esto quedara como algo perfecto. Efímero y perfecto.
 -Sea quien sea la persona por la que estabas llorando en el aeropuerto, veo que ha destrozado por completo uno de los corazones más puros que jamás había conocido. Si esquivas el dolor eternamente tu corazón quedara tan blindado como frágil. Maya, si algún día bajas la guardia morirás con el roce de un solo rasguño.  ¿De verdad merece la pena?
-Sí.
-“Nunca olvides tus errores”. Es lo que pone en mi tatuaje.

(….)

Mónica Gae.

miércoles, 26 de octubre de 2011

capitulo 13

Son las 10 de la mañana de cualquier día de enero. Pronto harán 7 horas desde que decidió coger el coche. Si no se hubiera acabado el maldito tabaco estaría felizmente durmiendo en mi cama –piensa.

-Un Gin Tonic por aquí, por favor. Y para ella..  ¿ron coca-cola?

-Disculpe al finolis con acento raro, nos acabamos de conocer e intenta quedar bien. Póngame un whisky con redbull.

Se llama Francis Vieira da Fragoso, tiene veinticuatro años y hace una semana se declaro a su novia tiene veintidós años y está soltero. Iba de camino a Madrid, a ver la Europea, en la que le han ofrecido una beca. Su idea era estar un par de semanas y luego visitar la universidad de Ferrara, en Italia, y la de Montpellier, en Francia. “Es lo que tiene quedar el primero de tu categoría tres veces consecutivas. Los demás nadadores parecían tortugas a mi lado”. Y  tú eras el modesto delfín, ¿no?
Tiene el pelo castaño claro, los ojos marrones y un gorro verde. Lleva una camiseta gris y unos vaqueros rotos. Debe medir 1,80 por lo menos. Tengo que reconocer que le sobran aires de meadoroconlocura, pero le da ese toque inalcanzable que está consiguiendo meterme en su juego. Quizás no sea un juego. Quizás sea una trampa. “Una de esas trampas etílicas en las que pierdes las bragas –diría Amie.”

-Pónganos otros dos, por favor. Y gelatina de vodka.

-¿intentas emborracharme? ¿Gelatina de vodka, estas de coña?

-Intento sacarte la dichosa sonrisa. Y si puedo, aunque esto lo dudo bastante, que me cuentes la razón por la que estabas así hace un par de horas en el aeropuerto.

-Déjame hacerte una foto. Algún día te mencionare en mi blog y tienes razón, no conseguirás que te cuente nada.

-Entonces te cambio la foto por tu pañuelo. Así tendré un motivo para perder el avión la próxima vez que tenga que hacer escala aquí.

-Sonríe a la cámara –le dije mientras le acercaba su gelatina de vodka.






¿Nos vamos de aqui?

(….)

Maya, joder, ¿dónde te has metido? Me llamó Marc preocupado, diciéndome que venias a Londres y que no contestas sus llamadas. ¿Se puede saber qué te has tomado? ¿Por qué venias a Londres? ¿Dónde estás ahora? Han pasado ya tres vuelos procedentes de Alicante, y la chica del mostrador dice que el próximo es dentro de siete horas. Me estoy empezando a preocupar enserio, Maya. Devuélveme la llamada en cuanto oigas esto, por favor.
Maël.

(....)


Monica Gae.

capitulo 12


-¿Te encuentras bien?

Tres. Tres palabras. Tres palabras y un desconocido a cincuenta minutos de cualquier lugar al que salir corriendo. ¿Qué coño estoy haciendo con mi vida? Se suponía que debía tener valor para, por lo menos, intentar sacarte de mi vida.

-No. No estoy bien, ¿acaso estas ciego? Tengo veinte años y estoy a punto de perder las riendas de mi vida por completo, tengo los ojos encharcados y estoy completamente sola en un jodido aeropuerto. Dios, ¿a ti te parece que este bien?
-Me llamo Francis.
-Y yo nomeapetecemoriramanosdeunextrañoestanoche, encantada. Oye, enserio, gracias por preocuparte, no quiero parecerte gilipollas pero me gustaría estar sola. Solo me faltaba ahora ponerme a hablar con desconocidos.
-Bueno, te propongo un trato. Dame 10 minutos y si consigo sacarte una sonrisa me quedo tu pañuelo, al fin de al cabo, se te había caído.  Si no, me subo a mi avión y no te vuelvo a molestar. ¿Qué dices?
-Si resultas ser un psicópata en busca de adolescentes a las que vender en el mercado negro, también me devuelves mi  pañuelo, ¿está claro? Tienes diez minutos.
-Allá voy. Mi nombre es Francis y tengo veinticuatro años. Nací y crecí en Portugal, aunque mis padres son naturales de aquí. Hace cinco veranos conocí a la mujer de mi vida, en Oeiras. Pensarás que estoy chiflado, pero te aseguro que nunca había estado tan seguro de nada. Hace una semana  le compré el anillo más bonito del mundo, era perfecto. Cuando fui a ponerme de rodillas, después de quince minutos del discurso tequerréparasiempre comenzó a llorar. Al principio pensé que era la emoción –en las pelis pasan esas cosas. Pero no. Cuando se calmo me miro a los ojos y me dijo que hacia un par de meses había conocido a un tío, que se habían enamorado. Un par de meses. La verdad es que se parece bastante a ti, solo que ella es rubia. Una hija de la gran puta rubia. ¿Se dice así, no?

-Sí, se dice así. Y oye no te ofendas, pero tienes el sentido del humor en el mismísimo si pensabas que me iba a reír de esa historia, pero buen intento ¿eh?, que fuera rubia casi lo consigue.

-Bueno, no te ofendas tú pero sobre la marcha supe que no te habria sacado esa sonrisa, asique improvisé esta historia suponiendo que así me invitarías a un trago. ¿Lo he conseguido?


(….)

A veces es necesario salir de tu propio cuerpo para poder respirar. Para poder mirarte desde fuera y ver lo patético que resultas. Que resulta todo. Tú, yo. El nosotros que me creí como una idiota de quince años. Es como si me hubieran hecho una brecha en el corazón. Y mientras cualquier mínimo roce con el exterior me desgarra el pecho, puedo observar como sale absolutamente todo mi interior hacia fuera, dejándome vacía de todo lo que un día me compuso. Es la manera más directa de estudiar tu propia anatomía, ¿sabes? A estas alturas podría operar mi propio corazón con un bisturí, un par de gasas y tres botellas de whisky.

(....)

Mónica Gae.

miércoles, 19 de octubre de 2011

capitulo 11

Son las tres de la mañana de cualquier día de enero. Su insomnio se ha terminado la caja de tabaco y no sabe muy bien qué hacer. Podría acercarse al chino de la esquina. También podría dejar de fumar –en enero pegan este tipo de cosas, o eso dicen. También podría subir a hurtadillas a la habitación de su compañero de piso y tomar prestado algo de munición. Si, definitivamente, opción C.

-¿Marlboro? Joder. Esto sí que es morir con clase. Con clase y sin pulmones  –corrige mentalmente.  El reloj se acerca sospechosamente a las cuatro, debería irme a dormir.
 Mañana llamaré  a Marc. O a Maël. De repente, un escalofrío le recorre por completo la nuca. Marc. Maël. Amie. Ha estado tan centrada en el adiós de Aytor que había olvidado por completo la noción del tiempo. –No puedo esperar a mañana. Ni hablar. Sin pestañear y con la respiración semicortada, busca las llaves del coche. Sin dirección, sin teléfono y sin miedo.
-¿Dónde vas?  –le susurra una vocecita en su cabeza.  -A tirar los restos que me quedan del pasado. A cumplir de una vez un propósito de año nuevo.

-¿…diga?
-Marc, soy yo.
-¿Qué pasa? ¿Joder, Maya, qué hora es?
-Da igual, Marc. Vístete, te espero en en la calle Correos, donde siempre, en diez minutos.
-¿Estas loca…pero qu….. –Comunica. Ha colgado.
-(..)
-Joder Maya, ¿Qué pasa?. Me estas asustando. He salido de casa corriendo.
-¿Haces algo en los próximos 40 minutos?
-¿Aparte de matarte y morirme yo después de sueño?
-Eso otro día. Ahora te invito a un chocolate y me despides. Me voy a Londres.

Y así, en el momento que menos hubiese imaginado, estaba pasando página. Quemando cada capítulo del libro que empezó hace demasiado tiempo, que debía haber cerrado. Esta eufórica y sin embargo sus ojos reflejan calma. –Menuda orgia se deben estar montando mis sentimientos ahí dentro –se dice. El reloj roza las seis menos veinte y el termómetro apenas alcanza dos grados. Los coches pasan a su lado recordándole el paso del tiempo. Cada tic-tac. Pronto verá a Maël y necesita pedirle perdón. Quedan unos cuarenta minutos para llegar al aeropuerto, ya está cerca. Se agacha con cuidado y logra alcanzar el bolso, tras unos tanteos, encuentra su pitillera. Delicioso y amargo vicio. Tras la primera calada, los mismos escalofríos que le hicieron subir al coche ahora aumentan conforme se multiplica el sonido de los aviones.  Suena el teléfono, es Bonie. Marca la tecla de “colgar” y sigue sin quitar ojo de la carretera. Su miedo intenta hacerse paso.  -Tienes que parar, ni siquiera tienes los billetes. No lo va a hacer, no puede. Si malgasta esta oportunidad volverá a caer en el fondo de ese jodido pozo lleno de vodka Kneep de 3,99 del que solo puedes esperar la peor resaca. Desde luego no dará marcha atrás.

No es consciente, aun no. Pero desde el mismo instante en que decidió salirse de la cama, nada iba a ser igual. Un nuevo guion para soñar. El capítulo en que ella, volvía a jugar.

[Señoras. Señores. Hagan sus apuestas.]



(…)


Son las siete de la mañana de no-cualquier dia de enero, de ese dia. Mirando la pantalla con cientos de vuelos siente ganas de llorar. Tantas posibilidades le están asfixiando. La libertad sabe mejor cuando sabes que alguien ira en tu busca si te escapas. A por Maya no iria nadie. Esta completamente sola en quince mil quinientos metros cuadrados. La cola va llegando a al final, le toca a ella. “¿Dónde va?” –le pregunta la asistente. Las palabras han decidido volverse a Murcia. ¿Qué le esta pasando? ¿Por qué no puede mover un solo musculo? De repente una lagrima timida comienza a encharcar sus ojos. Se disculpa ante la chica y poco a poco se aleja del mostrador. Nunca se había sentido tan perdida. Cierra los ojos y desea caer al suelo para levantarse pasado todo. Pasado esto, el dolor. La angustia, las ganas de huir. Necesita un milagro, aunque le bastaría la cuarta parte de la suerte de Marc. Necesita saber qué necesita.

-Disculpe, -le susurra una voz desconocida- se le ha caído el pañuelo.


(…)


Mónica Gae.

jueves, 13 de octubre de 2011

capitulo 10

En realidad, podría borrar cada pedacito de nuestra historia con un solo clic. Cada palabra, cada recuerdo, cada beso disperso en el viento. “Y entonces, el miedo de soltar la cuerda radica en no saber a dónde ir.” –Mi vida descrita en un solo verso. En verano fueron cartas escritas con el agua. En invierno, en Diciembre, la marea ha crecido tanto que rompe todas tus botellas, disolviendo la tinta de tus promesas. Que por olvido se han convertido en viejos vinilos, de acústicas sin música. Sólo conmigo. De un rumbo sin sentido y noches sin tu abrigo. Que tan sólo duermo si estás a mi lado, dulce y amargo castigo. Como una pregunta tímida que intenta buscar respuestas. Quisiera parar el tiempo y robarte todos mis momentos, que tú ya ni siquiera miras mientras yo, me desgarro por dentro. Un beso de ti sin mí, de mí sin nadie. Sin ti. Sin aire. Tan sólo pedía una tarde en el parque, en la playa o en cualquier parte. Hubiese construido mi propia nave si me hubieras dicho de quedar en Marte. Un velero para verte en el horizonte, un avión sin alas para tocarte. Pero es tarde y mi corazón lo sabe, intenta palpitar pero sólo miente. Te llevaste mis ganas de seguir de frente, mi ayer, mi mañana, mi presente. Mi mundo perfecto de amor para siempre, las fuerzas que tuve un día para quererte hoy se amontonan intentando odiarte.
-Aytor se ha marchado para siempre. “..como mucho el 26, -dijo”. Y si el frio quemara, seguiría ardiendo en aquel aeropuerto, esperando a que tu avión llegara. Ya ni tengo esperanza, ni tengo ganas. Ganas de nada.

(….)


Dieciséis días encerrada en su habitación. Sin ver, oír o hablar con nadie. Dieciséis días desde que Aytor sefueparasiempre, y aunque para siempre sonaba estupendo escuchado desde unos labios que nunca fueron suyos, sigue irremediablemente soñando con ellos. El olvido no es tan sencillo. Ni tan divertido, ni tan rápido. Sin embargo, era perfectamente consciente de todo. Sus palabras le hicieron diminuta desde la primera vez que escuchó su voz. Lo que más le duele es saber que este final ya estaba escrito.

Era casi media noche, las luces rojas de la ciudad intentaban trepar por la ventana y el humo de sus cigarrillos envolvía toda la habitación. -Creo que este año odiare la navidad, no habrá remedio. Con el frío buscando hasta el último escondite de su cuerpo, lo único que le apetece es un abrazo, de los largos, de los que cargan las pilas. Lo único que no puede tener. “Fue demasiado perfecto para ser eterno. El felicesparasiempre dura lo que dura el cuento,-se repite”. El despertador siempre suena antes del último baile. De la última copa o la última canción. Año nuevo, -y otro más. Y otra calada llena del pasado que intenta olvidar. El reloj marca las cinco y media de la madrugada  y algo extraño invadía cada pedacito de su habitación. Es como un agujero hueco creciendo dentro de su estomago, cada vez mas y mas grande. Asfixiante. No tiene a nadie y lo echa de menos, necesita hablar con alguien, con Maël, desaparecido en combate desde que le conto la última jugada de Aytor.

-Tienes lo que te mereces, Maya. Y esto es lo que necesitas para abrir los ojos, pero sigues con esa jodida venda y no te enteras de nada. Joder, Maya, joder, que ni siquiera ves lo que tienes ante tus narices. Ni siquiera eres capaz de verme a mí.

(….)

“Apenas puedo moverme o parar de llorar. Siento que le necesito, no puedo respirar. Estoy bloqueada y ni siquiera puedo hablar, explicarte lo que siento. Dejar de tiritar. De sentir, de soñar. No, no puedo. Dijiste que sería doloroso, no esto. No puedo soportarlo más, no te haces una idea. ¿Sabes que es lo más doloroso? que ni siquiera ahora, de espaldas a la cama y con tus besos en la estantería, podría dejar de amarte. Es totalmente suicida, lo se, pero no quiero dejar de sentir este dolor, es lo único que esta noche me queda de ti. Te lo has llevado todo. Todo. Te has llevado lo único que necesitaba, la única pieza que utilizaba para vivir. Las ganas de salir de este agujero que yo misma cavé, creyendo la más patética de todas las ilusiones, el haber creído tenerte sin necesidad de morir".


(….)
Mónica Gae.

miércoles, 12 de octubre de 2011

capitulo 9

18 de Agosto de 2010.
Ni siquiera el cielo puede alcanzar la altura que siento esta noche a tu lado. Te has dormido a mis brazos y te miro, quiero pasar contigo el resto de mi vida. Voy a cuidar de ti  y solo necesito a cambio que tú cuides de mí. Te quiero, te quiero, y te quiero, Maya.
Siempre tuyo. Aytor.

24 de Diciembre de 2010.
“…Te escribo esta carta mientras me rompo por dentro, tienes que saberlo. Te escribo porque, si te soy sincera, no aguanto más. Echo de menos tus ojos azules y nuestras bromas. Tu bipolaridad y la mía, nuestros enfados. Echo de menos acostarme a tu lado, levantarme contigo. Ver una peli en el sofá mientras juego con tu pelo. Hacerte fotos cuando te quedas dormido y verte fruncir el ceño cuando tenías una pesadilla. Tomarnos el día libre y pasarlo entero en la cama. Ir a la playa y verte coger olas. Asustarme cuando una de ellas te envolvía y curarte las heridas con besos. Que me despertaras con cosquillas cuando se me hacía tarde. Echo de menos tus labios, oírte hablar en francés, quedarme embobada viendo tu pelo largo. Echo de menos cada ínfimo detalle nuestro, todo. Te echo de menos, Aytor.
Fdo: Maya.

(....) 

Son las seis de la mañana y no ha podido dejar de mirar el móvil desde que recibió aquel mensaje: “Te echo de menos”. Tan sólo cuatro palabras y un número desconocido han sobrado para volver a encerrarla dentro de sí misma. “Ven y desaparezcamos juntos. Para siempre. Solos tú y yo”. –Debería odiarte, joder. Se suponía que no tenías que marcharte. Al menos no de esa forma.

-¿Cuánto tardaste en contestarle?
-Apenas cinco segundos.
-Debiste haberlo pensado más.
-Marc, estaba ya en la cama, a punto de cerrar los ojos cuando sonó el móvil. Pensé que era un sueño y no pude controlar mis manos. Quisiera arrepentirme, de verdad, pero volveria a hacerlo.
-¿te mando algo mas?
-“Como mucho el 26. Perdón por estas dos semanas…”
-Dime que lo mandaste a la mierda, por favor. No vendrá y lo sabes.
 -No le mande a ningún lado, pero tampoco le volví a contestar, no tenía fuerzas. Y dos horas más tarde me mando otro.
-Sorpréndeme.
-“Mi vuelo llega a las 22:40. Sé que vendrás. Dormiré allí si hace falta..”
-Maya, por favor. Dime que no piensas ir.


(…)


Apenas quedan diez días para que acabe el año, y nunca había estado tan segura y perdida al mismo tiempo. Cuando brindemos, cerraré los ojos y pediré olvidarte, Aytor. Mientras, mis labios dirán tontos propósitos de año nuevo que nunca cumplirán. A mí me bastaría con poder mirar otros ojos, acariciar otra piel. Aunque no sea tu mirada ni sean tus manos, sonreiré como sólo tú me hacías sonreír, mientras sueño con dejar de soñar contigo. Mi mejor ladrón de sonrisa perfecta. De labios, manos, y mirada perfecta. Al menos eras perfecto para mí. Si, aun me quedan unos pocos días para engañarme con la esperanza de que esta vez cojas ese avión. “Como mucho el 26.. –repetía mi cabeza”. Y aunque sé que nunca sacarás ese billete,  te esperaré en el aeropuerto mirando cada avion y deseando que tu, estés en uno de ellos. Porque con cada una de tus palabras me hago más y más daño, las repito una y otra vez y me convenzo de que realmente sientes todo que dice tu boca. Lo que escriben tus manos. Un te quiero para siempre de tus labios. Un te quiero que caduca el 26, de los míos.

Coge ese avion, Aytor.


(…)


Mónica Gae.

martes, 11 de octubre de 2011

capitulo 8

-Esto es precioso, la cuidad desde sus ojos es distinta en cada pestañeo. Adoro Madrid.
-Uy uy uy.. ¿Estoy hablando con Amie? ¿La no-sentimental dejándose llevar? Ten cuidado pequeña, que ese no es tu terreno y mírame a mí, rayada cual cocainómano esnifando coca. Oye, ¿eso que oigo son besos?
-Si.. (responde con dificultad). Adam esta aquí conmigo. No se ha estado quieto ni un segundo desde que baje del tren. «Dejándome llevar» dice, yo no me estoy dejando llevar. Tengo la situación perfectamente controlada. “Dejándome llevar –repite de nuevo con tono burlesco”. Llevo aquí cuatro horas y me he «dejado llevar» siete veces, querida Maya. Sin parar, un dejarse llevar detrás de otro. Media caja de condones y un colchón destrozado. A mí me va a matar, no veas que agujetas y es el primer día.
-Jajaja, esa sí que es mi Amie.
-Oye ¿y tú qué? ¿Cómo vas con el modelito de Maël? Ese tío esta colado por ti y tú no te enteras, chata.
-Maël y yo somos amigos. No digas tonterías.
-Salisteis juntos y me remito a los hechos y a tus confesiones etílicas.
-Teníamos 14 años, Amie. ¿También tengo que contar como exs las veces que me case con tres  años en el patio del colegio?
-Joder tía, ¿te casaste? Esto es demasiado, ñoña desde fábrica –se burlaba entre risas.
-Cállate y vete a follar, idiota.
-Yo también te quiero mi amor, luego te llamo.


Amie tiene un nuevo... pasatiempo. Adam. Vive en Madrid, a cuatro horas de aquí, la relación perfecta para ella. Últimamente parece centrada, pobre de él. Amie nunca soltará las riendas de su vida, y menos para dárselas de lleno a un tipo como él. Incansable armadura. Un día, cuando menos se lo espere, alguien conseguirá robarle el sueño por mucho café que tome para impedirlo. El miedo sólo esconde la inseguridad de cada fracaso. La posibilidad de salir herido, de llorar. «Dejarse llevar» sonaría mejor si no apostásemos tanto en cada partida. Si todo dependiese un poco menos, de nosotros mismos.


(…)


Tres de la mañana de cualquier día de Octubre.


Perdóname, mi amor. Perdóname por haber besado otros labios, buscando los tuyos. Perdóname por haber acariciado otra piel, por haber creído escuchar tu voz. Perdóname por mi impaciencia, por fundirme en otras sabanas. Mi mirada nunca ha dejado de buscarte, te sigue buscando. Con cada amanecer y en sueños, solo te busca a ti. Perdóname por haber creído querer a otro corazón, iluso de creer tenerte. Todas mis lágrimas te pertenecen, soy tuyo. Te pertenece cada centímetro de mi alma, mi cuerpo, mis sueños y mi futuro. Te pertenezco desde el primer instante en que latió mi corazón. Desde la primera sonrisa, el primer fracaso y la última noche. Tu noche. Por eso te amo y por esto te espero. Te espero, aunque aun no te conozca porque algún día te encontraré. Te espero hoy, te esperaré mañana y el resto de mi vida. Porque un día serás mía y podré decirte, que te quería antes de saber que existieras.

Fdo: Maël.
-¿A quién le escribiste este?
-Cuando lo escribí no lo sabía. Y ahora eso da igual.
-Es precioso, Maël. No entiendo por qué insistes en esconder todo esto.
-Déjalo ya, ¿vale? No quiero hablar del tema. ¿Qué tal con Aytor?
-¿Aytor? Maël, estoy hablando contigo, joder. Déjate a Aytor, que por cierto esta como siempre, promesas y mas promesas. La última fue que se vendría a Murcia y dos semanas más tarde volvió a sacar un billete de avión. Asique déjate de Aytor, por favor.  
-Voy a partirle la cara a ese tío.
- Hablo del francés el londinense, manda cojones.


Es miércoles, de madrugada, y las noches con Maël parecen nicotina. No puedo dejar de mirar sus ojos grises, son tan claros que a veces creo ver sus pensamientos, lo que siente. Volvió el lunes desde Italia, y en dos días vuelve de nuevo a Londres. A veces pienso que si estuviera aquí más de unos cuantos días seguidos, todo sería distinto. Perfecto trotamundos sin nada que perder. Aun así, últimamente parece distinto, casi como antes, como hace seis años.

(....)

Monica Gae.