Siempre he creído que es mejor
callarse que mentir, y que puestos a hablar, la única opción es
decir la verdad. Y yo quiero contaros algo, prometo no cruzar los
dedos.
Dejé de tener ganas de publicar, que
no de escribir. Por eso, seguí escribiendo y dejé de publicar.
Nunca he despegado los pies del suelo
ni me he creído mejor que nadie, jamás me consideraría por encima
de ninguna persona, y creo que quien me conoce un poquito, puede dar
fe de ello.
Tampoco diría que soy escritora, si os
soy sincera, no creo que sepa escribir, lo que sé es contar
historias. Historias personales, con sentimientos personales y hechos
reales que me han pasado a mí o han salido de los poros de mi piel.
De mi piel, nunca de otra. Eran palabras que necesitaba sacar fuera
de mi cuerpo, era el único modo de desahogarme; desahogarme era la
única razón, el único motivo.
Creo que por eso, en su día, llegué a
tantos oídos.
Puede que ningún catedrático diga
nunca que lo que yo escribo sea poesía, pero nadie podrá decir que
lo que yo escribo no es verdad.
Nunca quise ser conocida ni seguir
ninguna moda, de hecho, cuando tuve la oportunidad de serlo, decidí
quedarme quieta, muy quieta y desaparecer. De eso vosotros sois testigos. Era algo que iba en contra de todos
mis principios.
Y estos puntos he creído conveniente
aclararlos antes de nada.
¿Os apetece un café? ¿Un té?
Yo un bombón con leche fría y un hielo, por favor.
Tenía ganas de volver, echaba de menos
esto, a vosotros, a todas esas personas que sin conocer siento que
conozco, pero toda historia tiene un pero. No me considero una
persona lo suficientemente fuerte como para hacer oídos sordos a
según qué comentarios o echar la vista a un lado en según qué
situaciones.
Hablo aquí de la batalla entre lo que
hacía y hago público y lo que intento mantener privado.
Tengo suerte, muchísima suerte.
También tengo que decir esto muy alto y muy claro. Nunca me he
topado con nadie con malas intenciones ni con nadie que hiciera o
dijera algo con el fin de hacer daño, pero lo cierto, es que hay
veces, en que ni yo misma logré trazar una línea lo suficientemente
clara como para separar esas dos fronteras.
Vuelvo a repetir aquí lo que he dicho
hace un par de frases: echaba de menos esto, os echaba de menos.
Y por eso, por esto, mientras aprendo a
volver a abrirme en canal sin salir herida, todo lo que escribo, se
queda en mi habitación. Pero con fecha de salida.
Y mientras esa fecha se hace cada vez
más cercana, quiero seguir contándoos cosas al oído, siempre que
queráis, claro.
En los últimos diez meses he leído
prácticamente más que en los últimos cinco años de mi vida, y me
muero de ganas por enseñaros algunos de esos libros que en su día
cayeron en mis manos y hoy quiero que caigan en todas las vuestras.
El proyecto es el siguiente:
Abriré en mi canal de siempre de
Youtube un nuevo apartado en donde recitaré textos, fragmentos,
poesías que me han hecho sentirme de nuevo viva todo este tiempo,
que evitaron que me hundiera con mi propio barco.
Y por supuesto, para ello, se
especificará el autor o autora y libro de donde sale.
Pero aún hay algo más: quiero que
vosotros participéis.
Quiero que me recomendéis libros,
textos, lo que sea que os haya removido por dentro. La única
condición es que no pueden ser de la persona que lo recomienda. Esto
es por una sencilla razón, y es que el objetivo de este proyecto es
compartir lo que algún día os tocó a vosotros de lleno el corazón,
no quiero que se convierta en un medio para hacer publicidad sólo a
unos pocos, y así, al mismo tiempo, puedo ser objetiva e imparcial.
Es el modo más justo de hacer esto que se me ha ocurrido.
Espero que os guste la idea, y si os
gusta, que me dejéis seguir contándoos al oído todas y cada una de
las palabras que han pasado por mis manos y que, poco a poco, me han
hecho ser quien soy.
Nunca he visto una herida sangrar sin que alguien antes
haya intentado abrirla ni he visto nunca a nadie pedir auxilio cuando realmente
quiere morir.
Tengo en el corazón una brecha preciosa que divide lo que
soy en un caos entre lo que tengo y siempre quise, y lo que temo perder por
tenerlo aquí.
Una mitad me repite que me coja, que me agarre fuerte. La
otra, me explica el porqué;
No te sueltes –repite,
la hostia va a ser fuerte.
Volver al precipicio desde donde una vez salté no fue buena
idea, pero venció la curiosidad de verme ahí tirada y ver cómo te alejabas fue el empujón perfecto. El vértigo sólo se cura una vez llegas al
suelo y créeme, hecho añicos, poco importan ya las alturas que no lleven tu nombre.
Me lo he pasado genial
esta noche, yo también hubiese muerto por ti.
No creo en las segundas oportunidades así como no creo en la
vida después de la muerte, una vez hecho el corte, es imposible disimular la
cicatriz. Lo escribe alguien que lleva ocultando la suya demasiado tiempo.
Si me dejas sola en esto, ya habremos sido dos. Yo lo hice hace mucho tiempo y lo volvería a hacer si me cruzase por
la calle.
El monstruo que vive debajo de mi pecho me está consumiendo,
a falta de galletas se está comiendo el corazón.
Sálvate tú, a mí ya no me queda tiempo y me faltan ganas.
A veces, cuando quemas, incendio mi casa para acercarme a
ti.
A veces quiero que seas eterna, otras te quiero en formato
real, te hago de carne y verso y hueso y beso
y nos follamos como quien sabe que nos queda un día menos de
vida en este planeta.
A ratos creo verte sin mí, a ratos me gusta imaginarme en tu
pasado y pensar que nos cruzamos algún charco sin darnos importancia. Que
pasamos desapercibidas pero que pasados unos metros miramos hacia atrás, como
quien intuye que acaba de oler por primera vez el perfume del amor de su vida.
A ratos creo saber por qué te pintas los labios de rojo y la
cara de mí, a ratos te comería todos los ratos del día, el resto, lo hago muda
de sonido, porque una vez me enseñaste a hacerte el amor en silencio y desde
entonces no recuerdo a qué se debe que el ser humano tenga cuerdas vocales.
Perdóname por mirarte así, es que yo también me suicidaría si
fuese lágrima tuya y estuviese condenada a recorrer esa cara de nubes para
después saltar sin alas a ningún vacío.
Esta mañana te hubiese pedido que te casaras conmigo antes del
desayuno, cuando te has despertado y me has abrazado pensando que seguía
dormida, por eso no te lo he pedido,
porque entonces he sabido,
con total seguridad, que tendré toda la vida para hacerlo.
Os podría decir que él apostó por mí antes de que nadie lo hiciera,
que me miró cómplice y me dio la mano cuando estaba en el suelo,
que gracias a él me subí a un escenario y perdí el miedo.
Os podría decir que gracias a él conocí Barcelona como nunca antes,
que le bastó una tarde en el Retiro para que volviera a tener esperanza en la raza humana,
que tiene un alma
totalmente
indescriptible,
que su corazón no parece de este mundo y que su niñez adulta
podría conquistar a cualquiera que osase colarse en ella,
y aún así,
aún así me quedaría
corta.
Podría pediros ayuda, pero creo que no es la palabra
adecuada.
Escuchadlo, sentidlo, dejaos llevar por su voz y sus manos
sobre seis cuerdas.
Su nombre es Vico y le debo más de lo que nadie se imagina,
de lo que él se imagina.
En
estos momentos está intentando sacar a la luz su próximo disco y para ello necesita
vuestra colaboración, esa sí es la palabra, pues toda colaboración lleva
consigo una recompensa, aunque él os lo sabe explicar mejor:
Da igual de dónde seas o qué edad tengas, vuestra recompensa
llegará a su destino.
Por mi parte sólo puedo dároslo a conocer aprovechando las
tantísimas personas que increíblemente leen este blog, ya sabéis que jamás he subido una
entrada parecida a esta, y precisamente por eso, espero que entendáis lo
importante que es para mí que Vico consiga este maravilloso sueño.
Y sí, perdón por el “spam” que esto supone,
pero creo que es necesario para el alma de uno mismo ayudar a las personas en las que creemos, y yo creo
en él. Ojalá vosotros también.
Si uno sólo de los que estáis leyendo esto se ve atravesado por
su talento y queda impregnado de él, habrá merecido la pena.
Por fin mi pequeñín está casi casi listo para estar en
vuestras mesitas de noche, como ya dije hace unos días, se está arreglando
frente al espejo mientras se da los últimos retoques, el pobre me ha salido
tímido y quiere le leáis con los mejores ojos.
Pero EL PLAZO DE RESERVAS ESTÁ ABIERTO, y os comento de qué
se trata.
Después de mil vueltas y editoriales, me decido hacerlo todo
por mi cuenta.
Quiero ese trato personal que únicamente puedo dar si lo
hago solo yo, de hecho, cada uno de los libros los enviaré personalmente por
correo a la dirección que pongáis en la reserva, escribiré las dedicatorias de
mi puño y letra y si queréis contar alguna historia a tener en cuenta para
ello, todo es bienvenido.
Las instrucciones son las siguientes:
-Vosotros me mandáis un correo a monica.gae.v@gmail.com indicando
vuestro NOMBRE, APELLIDOS Y DIRECCIÓN COMPLETA (calle, número, ciudad, código
postal y país)
-Yo os contesto que he recibido vuestra reserva y que, sin
ningún compromiso, os apunto en mi bloc de notas.
-Cuando sepa el precio final (para lo cual aún estoy comparando distintas imprentas para que salga lo más económico posible para vosotros), os vuelvo a enviar un correo
CON TODA LA INFORMACIÓN Y LA FORMA DE PAGO, que será por transferencia bancaria, y si os parece bien y seguís
queriendo uno de mis pequeños, me confirmáis, yo os doy un número de cuenta y
mi pequeño tímido es vuestro.
NOTA: Al enviar todos los ejemplares yo, supone que el
proceso irá más lento (al menos hasta que me dejen tener un par de esclavos a
los que explotar, cosa que veo difícil), por tanto, iré en orden ESTRICTO a
como han sido reservados y hasta que no reciba confirmación de los primeros 50,
no pasaré a los 50 siguientes, ergo, entre la primera reserva y la número 180
pueden pasar varios días.
NOTA 2: Enviaré ejemplares a TODAS LAS PARTES DEL MUNDO, la
única diferencia serán los gastos de envío los pondré aparte, aunque no creo
que sean más de dos o tres euros.
Para cualquier duda, estaré revisando mi correo diariamente.
No suelo tardar en contestar más de dos días, pero soy humana, solo tengo dos
manos y las dos son izquierdas, tened piedad.