Son las 18:00 de la tarde. Miro el reloj y vuelvo a encender el portátil, el plan sigue en pie. Me ducho y escribo un post que nunca verá la luz. He quedado con el Chico 3 (John a partir de ahora) para ir al cine a las 20:00. A las 19:55 salgo de casa, meto sexta y lo veo esperando a lo lejos. Yo estoy en un semáforo a unos 100 metros, él aun no puede verme. Me gusta observar a lo lejos, me gusta porque suele acercarse a lo que no veré de cerca. Se monta en el coche y efectivamente, es distinto. Distinto a como me parecía en las fotos y distinto a la imagen que creé de él en noche vieja. El alcohol es lo que tiene.
Es moreno, alto y tiene un aire infantil que por norma general, me encanta. Llegamos al cine y nos pasamos de la hora. ¿Qué hacemos? –me pregunta. ¿Crepes? –respondo yo. (Y aquí viene cuando me salto la parte en que jugamos a los bolos. John-59 Maya-94. Bueno vale, esto lo tacho y así nadie se entera.)
Dos horas más tarde te preguntas por qué no se puede estudiar aeronáutica en Murcia. Minutos más tarde me lo pregunto yo. Hablamos de cómo acabó agregándome un día. De las pulseras que llevo y de regalos. Hablamos de nuestra infancia, de nuestros padres, de las personas que de alguna manera nos han hecho ser como ahora somos. Me pregunta por la sensación que tuve de haber besado a alguien en noche vieja y me la aclara. Le hablo entonces de Aytor, de Maël y de Paul. Me mira y yo pienso que ninguno de ellos eran de Murcia. Lo miro y pienso que él ahora tampoco es de Murcia. Me pregunta si puedo esperar cuatro años y simula pedirme matrimonio. Sonrío y le digo que ni un día más. Cuatro años.
A las 00:00 será su cumpleaños y yo quiero ser la primera en felicitarle. Volvemos al mismo sitio donde lo recogí. Son las 23:50. Pasan diez minutos con la calefacción al máximo y miro el reloj de reojo: ¡Felicidades, John! Comienzan a llegarle watsapp y nos despedimos. Me enciendo un piti y pienso:
¿Por qué no se podrá estudiar aeronáutica en Murcia?
Y ahora rebusco en mi interior y escribo esto:
Es gracioso cómo cambian las cosas sin apenas darnos cuenta. Hace 12 meses era una enganchada al dolor que me hacían sentir los cambios bipolares de Aytor. Hace 3 meses pensé que había encontrado el amor de mi vida y hace tres semanas me di cuenta que ni siquiera era capaz de sentir dolor. No tenia ni ganas ni fuerzas para sentimientos de tan alto calibre. Necesitaba (corrijo, necesito) volver a vivir en los pequeños detalles. En los puede ser y en los quizás. Necesito volver a ser la persona que era hace un año y medio y el final de este post creo que será un buen comienzo. A veces encontrarse a uno mismo implica perderse en demasiadas ocasiones. Yo, me he perdido, he tropezado y me he vuelto a perder camino a Mallorca, a Valencia, a Albacete, a Madrid y a Londres. Y siempre sin billete de vuelta.
Últimamente me sorprendo de nuevo escribiendo cosas que me da miedo publicar. Me da miedo volver a leerlas sabiendo que las he sentido yo, que las sigo sintiendo. Cuando he llegado a casa tenia la firme intención de borrar la carpeta de cosasquenodeberíapublicar. Masoca de mí, he abierto una al azar y he escrito esto. ¿Sabéis? En este post puede que no os saque ninguna sonrisa pero una cosa sí voy a escribir alto y claro: Este fragmento lo escribí con los ojos empapados en lágrimas y esta noche, al volver a leerlo me he dado cuenta de que ni todo duele eternamente ni eternamente sangran todas las heridas.
He aquí un texto que pensé que nunca publicaría sabiendo que él lee este blog. He aquí mi forma de cicatrizar, o eso creo:
30.Noviembre.2011.
Hoy, como todas las noches, he mirado el móvil antes de meterme a la cama. Me he quedado en pause por un momento y he vuelto a encender el portátil. Tenia que escribir esto.
Echo de menos tener un whatsapp tuyo diciéndome lo mucho que te encantaría abrazarme hasta que sonara el despertador. Echo de menos hacerme la dura y que me ablandes con tan solo un beso. Echo de menos reírme de ti cuando hacías el tonto, que te rieras tu de mi cuando lo hiciera yo y llamarte patoso. Últimamente me olvido de todo menos de pensarte. Creo que quiero aislarme de momentos como este, de pensar en ti teniendo una hoja en blanco cerca. Escribir todo lo que llevo dentro y no poder borrarlo. Escupir como si fuera fuego que te quiero, que aun te quiero. Creo que lo que más echo de menos, ante todo y con infinita diferencia, es despertarme en mitad de la noche y darte un beso con cuidado. Poner mi mano sobre tu pecho y sentir que sigues respirando. Acariciarte lentamente captando cada detalle de tu cuerpo y volver quedarme dormida contando los latidos de tu corazón.
Esta noche me hace falta un whatsapp tuyo diciéndome que me quieres, que aun me quieres. O simplemente, que estas pensando en mi. Aunque solo sea un poco, a lo lejos. Me bastaría.
En fin.
Mónica Gae.

