jueves, 19 de enero de 2012

Época de (s)exámenes.


Pongamos en pause los días de alcohol. Ahora llegan apasionantes momentos frente a libros que en su mayoría serán olvidados minutos después de hacer el examen.

¡Pero alto! Dejemos por un momento el bisturí, botes de pastillas u objetos varios aptos para el suicidio. También tiene su parte positiva (o al menos yo me he propuesto buscarla).

Hace cosa de un par de días empecé a ir a la biblioteca y desde entonces no he vuelto a casa. Se llama Alex, lo conocí en diciembre y es un chaval de mi universidad. Estudia fisioterapia y todos sabemos el juego que puede llegar a dar alguien que estudia tan minuciosamente el cuerpo humano y sus puntos cardinales.

Alex tiene el pelo castaño-rubio, los ojos verdosos y me saca media cabeza . Ahora mismo le caen ricitos de oro por la frente, razón de sobra para meterme con él (pero no nos engañemos, me encantan esos ricitos). Su madre es alemana y su padre malagueño. Por motivos que desconozco (y creo que nunca entendería) acabaron viviendo en España. Ahora Alex frecuenta tierras murcianas por motivos de estudio.

Desde que estoy quedando con él parezco estar en una montaña rusa. El cabrón consigue confundirme como hacia tiempo nadie me confundía. Cuando nos conocimos, ambos bastante alcoholizados, estaba casi segura de haberle gustado (borracha soy muy optimista). Él parecía sacado de una revista de surf patrocinada por Billabong, por lo que si algo tenía claro es que él a mí sí me gustó. Pasaron los días y seguimos hablando por el Facebook, el whatsapp y alguna que otra llamada por el Skype para hacer el payaso. A finales de diciembre me dijo de quedar pero yo tenia demasiadas cosas en la cabeza, aun estaba en transición con mi nueva forma de relacionar separar el amor y el sexo y preferí alejarlo (físicamente) hasta tener ese punto totalmente claro.

Hace exactamente dos días, tres horas y 40 minutos lo tuve totalmente claro. Le dije si le apetecía estudiar y quedamos. Él llevaba una sudadera de DC blanca, pantalones negros caídos y unos calzoncillos de Spiderman. ¿Spiderman, enserio? –le dije mirándole descaradamente el culo. Si, Spiderman. Y Batman, y Superman, y Daredevil y…. (Yo ya estaba en el séptimo cielo y, aunque seguía riéndome de él, me encantan los súper héroes y después de escuchar aquello se merecía como poco unos cuantos minipuntos). Después de dos horas tomándonos el café y algún que otro piti entramos a la biblioteca. Debían de ser las ocho.

A las doce y cuarto y tras demasiados descansos y demasiada tontería empecé a sentirme peligrosamente a gusto. Qué coñazo ahora conducir hasta mi casa.. –dije sin ninguna intención oculta (lo juro). Quédate en la mía. Así mañana podemos volver a la biblioteca temprano. (Alex vive al lado de la universidad). Yo, que no paraba de embobarme con sus ojos, le dije que quizás otro día, pero que le acompañaba si me invitaba a una cerveza. Cerveza siempre tengo- dijo él. Lo suponía –pensé yo.

Nos subimos a mi coche. Busco en la carpeta de “hip-hop crema” y pongo “Sexy” de Gambino. Esta canción (y más concretamente este cantante) me traen buenos recuerdos de mis días con Paul. ¿Te gusta Gambino? –me pregunta. Me gusta la música que consigue sorprenderme con una sonrisa y ésta canción lo consigue. ¿Por algo o alguien en concreto?
–respondo yo. Él se queda callado y se limita a decirme cómo llegar a su casa los siguientes cinco minutos. Cuando llegamos lo miro y le pregunto si he dicho algo malo. Me dice que era todo demasiado bonito y algo tenía que tener. No te confundas Alex, esta canción me trae muy buenos recuerdos y eso no pienso negarlo, pero sólo son eso, recuerdos. Tanto él como yo decidimos que así fuera, y aunque a veces yo me arrepentía y lo echara de menos , él pasó página hace tiempo y yo decidí hacer lo mismo. Me mira y sonríe casi imperceptiblemente. Anda, vamos.. que hace frío.. –dice saliendo del coche.

Entramos a su casa. Primera cerveza. Enciende el portátil y pone música. Vive con dos chicos y una chica, Carlos, Dani y Alejandra. Me los presenta y les preguntamos si se quieren unir. Responden un “sí” al unísono y abrimos tres cervezas más.

Después de unos 5 litros nos dejan solos a Alex y a mí. Cambia el hip-hop por reggae y se enciende un piti de esos que dan risa. Hablamos de su ex, de mi ex, de mis prácticas, de las suyas y de cómo es vivir fuera de casa. Me dice que tiene sus pros y sus contras, y que unas cosas compensan a otras.

A las cuatro y media me pregunta si de verdad pienso irme a casa. Yo pienso en si esta noche me apetece morir en la carretera y que mi cadáver dé positivo. Acepto su invitación. En ese mismo instante comienzan a llegar a mi cabeza ideas plagadas de alcohol y hormonas e intento disimular mis nervios.

Tranquila, yo duermo en el sofá, tú puedes dormir en mi cama –dice él.

[Sudifhsdufshgsdugsdlug ¿CÓMO? Vale, Maya, te has columpiado, no quiere nada contigo, flipada, que eres una flipada cuando te emborrachas, ¿en qué coño estabas pensando?]

Me lleva a su cuarto y me meto en la cama. FUCK. Sus sábanas huelen a la misma colonia que utilizaba Paul. Él coge unas sábanas y se baja al salón. Buenas noches Maya –me dice con una sonrisa. Buenas noches Spiderman –contesto yo.

A la mañana siguiente me levanto y Alejandra me deja algo de ropa (yo de mayor quiero ser como Alejandra, es la tía mas guay que conozco, algún día os contaré su historia). Me trae unas toallas limpias y me ducho en la misma habitación de Alex (la única con baño propio).

Treinta minutos más tarde llaman a la puerta. Es él y me trae el desayunoPensé que seguirías en la cama, ¿has dormido bien? –me dice entrando con un café y dos tostadas. -He dormido (y ahí está el problema) –pienso yo. Nos fumamos el piti con el café y se queda callado mirándome. Yo tengo el pelo un poco mojado y muy despeinado. ¿Qué miras?. Estas tiernamente guapa con esas pintas. Le hunto la nariz con mermelada y le digo que el también esta muy “tierna” así.

Me planta un beso.

¿Y esto? –pregunto alucinando. Es el piti-café-y beso de buenos días, yo en realidad no quería. Sonrío y esta vez soy yo quien le besa. ¿Y esto? –me imita burlándose. Es la respuesta a un beso que yo tampoco quería –respondo yo. Esta vez sus calzoncillos son de los Cuatro Fantásticos.

Tiene un montón de cómics en su estantería y otro montón de fotos en las paredes. Me dice que se va a duchar y le pregunto si mientras puedo cotillear su habitación. Cotillea todo lo que quieras, luego me das tu veredicto –responde él.

Cinco minutos más tarde se empieza a oír el agua y yo siento la tentación de entrar pero me controlo. Cierra el grifo y se hace el silencio. A mí me acompaña un escalofrío. Abre unos centímetros la puerta del baño y asoma la cabeza,

¿qué opinas sobre ducharte dos veces en una misma mañana?




PD: Sé que tengo esto un poco abandonado, época de exámenes y esas cosas (éstas cosas). Pero prometo que después viviré ebria y tendréis post alucinantes cada dia.

PD.2: El 10 de Febrero acabo.

PD.3: y el 17 me voy a Madrid. Con Amie, Maica y Cora. Y me pienso llevar el portátil para contar todo calentito y en su punto.

PD.4: Mientras escribo esto un amigo me acaba de mandar un mensaje diciendo que tiene una botella de whisky de más de diez años. Vale. Si de repente subo una entrada ilegible no os sorprendáis, estáis avisados.



Mónica Gae

sábado, 14 de enero de 2012

Etílicamente os cuento


Cinco Ballantines, dos cervezas y un chupito después escribo esto:

Hola,

Son las 12.00 de la noche,  quedo con Aaron para fumarnos un piti. Él está en la biblioteca y yo aparco cerca. Lo veo a lo lejos. Él me ve a lo lejos. Me reconoce. Nos fumamos el piti y hablamos de su último ataque de ansiedad por el que acabó en el hospital sedado, de la canción que tenemos pendiente para grabar la semana que viene y de nuestros respectivos ex’s.

Cuarenta minutos después llamo a Loisse, que está con Marc en su piso y quedamos. Subo el ascensor y abro la puerta, me recibe un olor a tabaco e incienso. En el sofá están los dos, Loisse me pregunta qué he estado haciendo tanto tiempo y le respondo con un: hablando con alguien con quien algún día follaré sin compromiso.

Dos horas después estamos bastante etílicos y decidimos irnos a algún bar de la zona. “La Cosechera” siempre es nuestra última víctima, por lo que nos dirigimos al Foster Club.

Llegamos. Dos Ballantines con coca cola y una cerveza, por favor. Son casi las tres y el Foster cierra a las tres. Lo cerramos y nos dirigimos a nuestra –como a he dicho antes- última víctima. Llegamos a La Cosechera y suena “Stand By”. Empieza bien.

Entramos y nos pedimos otra. El camarero y yo siempre hemos tenido un cierto juego de miradas bastante curioso con lo que Marc me dice que pida yo. Pido. Nos pone la primera ronda gratis junto con un guiño y un “luego me paso a echarme un baile contigo”. –Perfecto, pienso yo. Ese tío tiene algo que me llama la atención y aún no sé qué es.

Nos dirigimos al fondo del bar y ZAS. Ahí esta ÉL. “Él” es mi “número uno”. Mi “número uno” es un chico del cual me enamoré en silencio en primero de carrera y que siempre consigue tantas miradas mías como quiera si nos cruzamos por la universidad. Marc me da un codazo y me dice: ve a por él. Yo me acobardo (extraño en mí con semejante alcohol en el cuerpo) y le digo que ni hablar.

Veinte minutos más tarde veo que se acerca y pasa a nuestro lado. Se dirige al baño y Loisse me dice que le siga. Le digo que ni de coña y, al verlo sentado a dos metros nuestra y sin intención de entrar me envalentono. Agarro la copa y simulo esperar en la cola del baño pero no se inmuta. Me termino la dichosa copa de la supuesta seguridad y vuelvo odiando a Marc y Loisse por haberme convencido de semejante estupidez.

A tales horas de la noche y tras mi des-encuentro con mi numero uno, necesito una dosis extra de ego. Me voy a la barra y le digo al camarero musculitos que si piensa bailar conmigo hoy o mañana. Deja la copa que estaba poniendo y salta por encima de la barra del bar. Bailamos. Me dice un par de cosas al oído y le digo que en estos momentos no me apetece nada que dure más de una noche. Me mira cual protagonista de una telenovela moñas y me dice que cuando siente la cabeza vuelva a pedirle un baile. Me lo apunto. Subo un par de puntos a mi ego y vuelvo donde están Marc y Loisse

Mi número uno vuelve a ponerse a medio metro de donde estamos nosotros y ahora soy yo (y mi orgullo) los que pasamos de él. Jódete tú y tu asquerosa cara de niño de papa –pienso. Pero qué bueno que está, joder –digo.

A las cinco cierran el garito y yo me termino la última copa. Le digo a Marc que esta noche me apetece dormir en el coche y pongo rumbo hacia el mismo. Son las cinco y media de la madrugada.

De camino me pido un kebab y una coca cola, llego al coche y escribo esto en el asiento de atrás. En media horita me voy a sobar a mi casa.

PD: Se avecinan tiempos de post sexuales, lo presiento.

PD.2: Acaba de pasar un grupo de borrachos por mi lado y es muy gracioso verlos a través de los cristales tintados . ¡Ay!, si supieran que los estoy mencionando en mi blog.

PD3: Querido número uno, cada vez que abres la boca la cagas, creo que prefiero amarte en la distancia e idealizarte. No es nada personal, es solo que hay personas que tras mucho imaginarlas quedan mejor a un par de metros . Pero yo te sigo amando (en la distancia, ya sabes).

PD 4: En medio de una canción he llamado a alguien y me arrepiento. ME ARREPIENTO EN MAYÚSCULAS.

PD5: creo que el kebab me ha sentado mal y voy a potar, y puesto que paso de potarle a mi Mac en los asientos traseros de mi coche (los asientos traseros de mi coche están para otras cosas) mejor paro de poner posdatas y finalizo con un:

¡Besos y guiños etílicos para todos!



Mónica Gae.

martes, 10 de enero de 2012

Paula.


Las luces de aquel pasillo siempre parpadean a partir de las doce de la noche. Los sonidos de las habitaciones contiguas rara vez le dejaban dormir y a veces perdía incluso la noción del tiempo. Sin embargo, encerrado en la penumbra de aquellas cuatro paredes, sonríe al hablar de ella:

“Sus ojos eran infinitos, te lo aseguro. Podía pasarme un día entero mirándola fíjamente y jurar, que después de cada pestañeo encontraba un nuevo matiz en ellos. Si te hablo de su boca, podría retenerte eternamente. Tenía los labios más carnosos que jamás he visto, que jamás he besado. Aún no se qué demonios se le pasó por la cabeza para casarse conmigo. El día que le pedí matrimonio, recuerdo que llovía a cantaros, y yo, que no me había llevado paraguas, estuve parado en el portal de su casa tres horas y media. Paralizado. Diez años después nació Elisabeth. Y ese mismo día, Paula falleció sobre mis brazos. Eli tiene sus ojos y sus labios. Aun hay días que se queda dormida y la miro pensando si Paula nos estará viendo. Yo creo que si ¿sabes? Esas cosas se presienten. Es como cuando estas completamente seguro de algo, pero no tienes ni idea del por qué. No puedes explicarlo ni demostrarlo pero de algún modo,  pondrías tu corazón en juego. Yo aposté el mío cuando la vi por primera vez, a mis trece años. Y aunque ya no pueda decírselo, lo seguiría apostando una y otra vez, con los ojos cerrados. No cambiaria ni un solo segundo de nuestra partida, con sus momentos buenos, sus quiebras y sus bancarrotas. Ni uno solo.”

Su nombre es Antón, diagnosticado de cáncer hepático desde hace tres meses. El brillo de sus ojos era indescriptible –lo siento, lectores.

La esperanza no se puede expresar con palabras, pero espero que estas palabras le ayuden a encontrar la esperanza.



PD: Creo que nunca lo he mencionado por aquí, pero escribo mensualmente en la web de La Opinión y en la empresa Avimur. (Si pincháis sobre los respectivos nombres encontraréis el enlace de las páginas).

PD.2: El dibujo pertenece a Paula Jiménez Bueno, artista y amiga a la que le propuse ilustrar mis palabras. El próximo post está al caer, lo publicaré también por aquí (aunque se agradece que os metáis a las páginas originales en que los publico pues mi permanencia en las mismas depende de vuestras visitas, comentarios y mensajes).



Espero que os guste y ya sabéis,

¡besos y guiños para todos!

Mónica Gae.

lunes, 9 de enero de 2012

Ecuación matemática.


Pongamos las variables en orden con la inicial de su nombre. Tenemos pues, a:  M, P, H y J.

H llama a M y quedan. M no quiere irse y H no quiere que M se vaya, pero llega la hora y se dividen en dos mitades exactas.

De camino a casa M aumenta de manera exponencial su incapacidad para respirar correctamente ante una situación así y busca su Ventolín. Se inyecta una dosis y prosigue calculando variables.

Cuando M llega a su habitación y enciende el portátil le envía un mensaje a H de considerable importancia. H no responde y M piensa que H ha elegido la segunda de las hipótesis que en mencionado mensaje exponía. Piensa sobre ello y primero se plantea la posibilidad de mandarle otro mensaje diciéndole a H que como mínimo podría haber respondido. M se acobarda y no le escribe nada, piensa que H no habrá encontrado tiempo ni de mirar el mensaje y se autoconvence de ello. H sí ha tenido tiempo de mirar el mensaje y M deja de hacer el capullo.

Tras dos días de insomnio considerable, M decide mandar un par de cosas a tomar por culo. Decide no pensar más en el resultado de tener a H siendo incompatible con J, y siendo J un valor fundamental para M sin el cual el resultado sería un valor nulo. Se cuestiona ahora la formula empírica por la que M, J y H puedan mezclarse de manera homogénea. No la encuentra y con el último experimento explota la muestra y se esparcen las letras y los números por todo el laboratorio.

M conduce horas y horas y ocurren progresivamente todos y cada uno de los puntos que le dijo a H que ocurrirían de no resolver la incógnita. H sigue sin responder y las ganas de M de continuar así resultan =0. El orgullo de M, con forma de X+1, se asocia a ella de manera directamente proporcional a su miedo.

Por tanto, tenemos a M (X+1) y J sin H, a J y a H sin M (X+1) o a M (X+1) y H sin nadie.

Aparece P en la ecuación e intenta elevarse al cubo en la cabeza de M, que a su vez no para de dividirse. Viene J y pregunta qué hizo M la otra noche. M miente y se vuelve un valor negativo. J se lo cree y estabiliza el resultado.

P le suma decimales a M cada vez que él habla con ella.

Una vez M logra ser >0   concluye su ecuación pensando que hay problemas que es mejor no resolver.


 PD.1: Esta es mi manera de explicar por qué no publico lo que escribo cada noche. Es porque estoy resolviendo esta ecuación y ninguno de sus valores pueden tener nombre ni puedo dar a conocer más datos o detalles de los que ahí doy. Una puta mierda, vamos.

PD.2: Agradeceré hipótesis o posibles resultados y son suerte todo volverá a su normalidad.

PD.3: Mi calculadora la perdí el día que me examiné de Bioquímica en 1º de carrera, ergo, ayuda.

Mónica Gae.

domingo, 8 de enero de 2012

Hay frases que se te quedan grabadas.


Y mensajes en el móvil que deberíamos aprender a borrar.

 “Me ha costado tres años. Tres años, Maya, y sigue siendo imposible quererte sin pensar que poco a poco me consumiré por ello. Nunca dejarás que nadie llegue a comprenderte, ¿verdad?. Yo lo he intentado, te lo juro. Y te quiero, te quiero como no sé si volveré a querer a alguien, pero no puedo más.” –Maël.

Quizás Maël tuviera razón. Quizás sea imposible quererme sin retorcerse de vez en cuando de dolor por ello. A mí,  se me hacía impensable que pudieras conocerme. Que pudieras descubrirme tal y como soy y que no te gustara. Quizás por eso huyo, quizás por eso me fui. Siempre he sentido debilidad por quien intenta fingir lo que no es. Nadie debería juzgar a nadie por disfrazarse fuera de carnavales, por refugiarse dentro de una máscara con la que el mirar al mundo no asustase tanto. Quizás por eso me gusta tanto disfrazarme. Es como si, tras ese antifaz diera un poco menos de miedo ser como realmente somos. Siempre he pensado que no hay nada peor que sentir miedo. Miedo de no encajar, del rechazo. Miedo a destacar y que todas las miradas intenten captar hasta el más mínimo de tus errores. Quizás por eso envidio tanto a quienes parecen ser naturales. Quizás por eso me hago tan infinitamente diminuta al lado de alguien así, transparente.

¿Cuándo empezamos a darle tanta importancia al resto de la gente? ¿Cuándo nos desviamos tanto del camino?

Esta mañana iba por la Gran Vía, y justo a la altura de la Plaza de las Flores me encontré cara a cara con mi pasado. Era yo hace unos diez años. Se llama Sarah, tiene mi edad y fuimos juntas al colegio. Ella estaba esperando el autobús y al pasar a su altura la reconocí.

-¿Sarah?
-Si. Emm.. perdona, ¿te conozco?
-Soy Maya, ¡Maya la del colegio! ¿Cómo estas? ¿Qué es de tu vida?
-¿Maya? ¿Enserio? ¡Estas irreconocible!

“Irreconocible”. Es otra frase palabra que nunca se me olvidará. Es cierto, puede que este irreconocible (para bien y para mal.) A lo largo de mi vida he cambiado tanto físicamente como de manera de pensar. En invierno ojos marrones y pelo liso, en verano verdosos y rizado. En época de exámenes demasiado delgada y cuando éstos acaban con mi IMC normal.

Os contaré algo (por alguna razón escribir aquí no me cuesta ningún trabajo, Puede que sea porque no os pongo cara. O por la idea que me he hecho de algunos de vosotros al escribirme en Comentarios, no sé.) Pero os contaré algo:

Hasta más o menos 1º de Bachiller fui totalmente invisible a los ojos de quien fuera. Antes de aquel año nadie os contará un solo dato sobre mí. Bueno, vale, quizás las personas con las que compartí pupitre durante más de diez años sí. Aunque aún entre ellas, como Sarah, hay quien necesita unos cuántos datos más para ubicarme. Fui aquella que nunca levantaba la voz o alzaba el brazo aunque supiera la respuesta. Aunque tuviera una pregunta. Fui aquella que estaba enamorada de un chico en clase y que nunca se atrevió más que a soñar con él. Quizás por eso ahora me cuesta pensar que haya personas que digan que nunca me olvidarán. No, te explico. Me olvidarás cuando dentro de 10 años haya vuelto a cambiar tanto por dentro como por fuera. Nos encontraremos en cualquier calle, te saludaré y me preguntarás mi nombre. Yo te diré que fuimos juntos a la universidad, que durante un tiempo hablamos muy a menudo o que salimos juntos un par de veces. Te diré quizás, que leías mi blog y quedamos para tomar un crepe en cualquier cafetería.

Quizás por eso me da miedo que alguien pueda mirar a través de mí lo suficiente como para ver a esa niña acojonada de no llegar a ser nunca, nada para nadie.

Quizás por eso huyo de quien me rodea si consigue meterse dentro de mi cabeza.

Quizás por eso elegí a Aytor sabiendo que estaría entre Francia, Mallorca y Barcelona. Quizás por eso elegí a Maël sabiendo que era de Madrid. Quizás por eso elegí a Paul sabiendo que se iría a Valencia.

Quizás por eso me cuesta tan preocupantemente poco apartar a cualquier persona cuando considero que ya ha visto bastante.


(….)


Mierda, puede que esta vez me haya dejado llevar un poco escribiendo.

 Lo siento por el post. Época de exámenes, demasiado silencio y ausencia de alcohol para poder hablar de cruces de miradas bajo un foco y con música de fondo. Pero tranquilos, os he cogido cariño (quizás demasiado) y no os aburriré con sentimentalismos más de dos post seguidos. Este lo publico porque se lo debo a la niña insegura que nunca se atrevió a levantar la voz.

Hay esperanza para los fantasmas que pasamos desapercibidos y existe cura para la invisibilidad, ya sea pasada, presente o futura.

Las personas que alguna vez hemos sido así, os aseguro, que nos vemos mutuamente.


Besos y guiños (en voz bajita) para todos.

Mónica Gae.

viernes, 6 de enero de 2012

Los Reyes Magos sí existen y también follan.


¿Qué tal os habéis portado este año, niños y niñas?

Mi nombre es Baltasar, tengo 24 años e inmunidad legal para entrar en vuestras casas cada 6 de Enero. Viajo con Melchor y Gaspar y éste año nos hemos reencarnado en jóvenes apuestos y metrosexuales con ganas de dejaros un regalito muy especial.

Mido 1,95 y nací en Senegal. Esta vez he elegido el cuerpo de Shemar Moore (el mulato de Mentes Criminales) voy completamente depilado y espero que os hayáis portado mal, pues me pone cachondisimo pensar que os estoy dando vuestro merecido.

Primera casa, New Jersey (Estados Unidos). Aquí vive un matrimonio de unos 50 años y tienen tres hijos. Uno de ellos es una joven de 19 años ansiosa por perder la virginidad. Es rubia, alta y con las tetas recién salidas de quirófano (regalo de papá al empezar la universidad). “Esta es mía” –dice Melchor al bajarse del camello. Ni de coña, le van los negros, lo presiento –contesto yo.

A Gaspar le van única y exclusivamente las pelirrojas, asique nos mira como si nada y comienza a dejarle los regalos a los pequeños Jimmy y Tom.

Entro en su habitación. Huele a vainilla. Tiene las paredes pintadas en un tono rosa pálido y sobre su escritorio hay una foto de ella en su baile de graduación. Oh, dios, a esta le doy todo el carbón que quiera.

Me acerco y le susurro “I wanna fuck you, baby. Wake up.” Ella se despierta sobresaltada y yo le tapo la boca llevando mi otra mano hacia el interior de su pijama. Me lanza una mirada de depravada mental y comienza a quitarse ropa. “Ouh, yes, give me more, give me more!” Yo la miro y doy 26 gracias por mis genes mulatos. Una por cada centímetro, los quiero a todos por igual. A los veinte minutos viene Gaspar y me dice que vamos con retraso. Me despido y le recuerdo que no se porte demasiado bien este año. Me mira y me dice que ahora sabe que no lo hará.

Sobrevolamos Dublín guiados por Rudolf. El cabrón esta en celo y va más rápido de lo normal. Aterrizamos y Gaspar sonríe sabiendo lo que principalmente abunda en Irlanda.

Entramos en la casa de los Thomson y Gaspar nos dice a Melchor y a mí que esta vez nos encargamos nosotros de los regalos. Aquí viven Mary Ellen y Tim, un matrimonio de 40 y 45 años respectivamente y sus cuatro hijos. Robin y James y las gemelas Clarie y Nataly. Ellas tienen 20 años.

Gaspar, en el cuerpo de Edwar Cullen, las despierta con la música del iPod de Natali. Clarie es la primera en despertarse. Lo ve sentado en la silla que hay junto su escritorio y se queda inmóvil. “Am I in a dream?” –se pregunta. Las dos son pelirrojas y Gaspar no puede contenerse más. La joven despierta a su hermana y a los pocos minutos comienzan a apreciarse los gemidos desde la otra punta de la casa. “Do you wanna be inmortal? DO YOU WANNA BE INMORTAL???!”

Melchor coloca el ultimo regalo en los calcetines que hay sobre la chimenea y sube a llamar a Gaspar.

-Tío, ¿con las dos a la vez?
-Duermen juntas, ¿por qué no iban a follar juntas?

Nos subimos al trineo y ponemos rumbo a España, Madrid. La capital del pecado, susurro yo. Melchor esta enfadado porque aun no ha pillado y Gaspar y yo nos cachondeamos de él. Callaros, cabrones. En este país, si que si.

Melchor se ha informado sobre nuestros gustos y ha adoptado la forma de Oliver, el de Mujeres y Hombres y viceversa. ¿Cómo podrán gustarles un tipo que grita a voces que le circunciden su aparato genial? No me falles, por lo que más quieras –se dice a si mismo mirándose la bragueta.

Entran en un edificio en plena Plaza de Europa. Aterrizar aquí es imposible con tanta antena mal puesta del TDT, asique aparcan una calle más arriba. Gaspar saca el ticket de la zona azul y Melchor y yo nos dirigimos a la primera dirección de la lista.

Es un piso de estudiantes –indica Gaspar. Melchor se apresura. Hay un pequeño árbol (bastante cutre) en la entrada y me quedo poniéndole los regalos con Gaspar mientras revivo New Jersey.

Melchor entra en una de las habitaciones mientras saca el móvil para buscar una manera apropiada para despertar a Jessica. Aha! Esta será perfecta. Le acerca el iPhone a la oreja y le da al play:

La mano arriba, sintura soola, da media vueeeelta, dansa kudurooo!

Jessica se levanta empapando su ropa interior y descubre al hombre de sus sueños restregándose junto a su cama al son de Don Omar. ¡Oliver y Danza Kuduro! ¡Oliver y Danza Kuduro! Lo empuja hacia su cama e intenta no desmayarse de la emoción. ¿Te has portado bien, nena? –le susurra mientras suena el último estribillo.

España puede llegar a ser muy triste.


PD: Los Reyes Magos SI existen y también tienen sus necesidades.

PD.2: Oliver, no tengo nada en contra tuya. Que prefieras cultivar tus bíceps a tu cerebro no hace daño a nadie, no te lo tomes a mal.


¡Besos y guiños para todos!

Mónica Gae.

miércoles, 4 de enero de 2012

Acuérdate de mí.

Nos conocimos en la playa, antes de que empezara el verano. Finales de Abril, para ser mas exactos. Tú llevabas haciendo surf desde las seis de la mañana y yo me tumbé en la arena dos horas después. Éramos los únicos allí. En una de las olas te caíste y paraste a descansar unos minutos. Tus cosas estaban cerca de donde lo estaba yo. Te pregunté si estabas bien y tú me preguntaste mi nombre. Maya –respondí yo. Desde entonces fui cada fin de semana al mismo lugar, contigo. Te dije que solía ir bastante pero mentí. Sólo iba cuando necesitaba alejarme del ruido de los coches, de la ciudad, de mí misma.


Un mes más tarde comenzamos a salir. Desde entonces, prácticamente, me mudé a la casa de la playa. Tú te levantabas cada mañana frunciendo el ceño y diciendo que nos quedáramos un rato más. Yo me levantaba y preparaba el café. Cuando bajabas de la habitación te ponías a tocar a guitarra. Me enamoré de ti la primera vez que te escuché tocar. Dos semanas después me escribiste una canción y yo supe que querría pasar contigo el resto de mi vida.

Llegó el verano y tú tuviste que volver a Francia a ver a tus hermanos. Fueron los quince días mas largos de mi vida. Luego, volviste, y mis ojos volvieron a brillar nada más verte bajar del avión. Estabas guapísimo aunque no habías dormido nada.

Un día a finales de Agosto me contaste que querías viajar por todo el mundo. Yo te dije que iría contigo. Me hiciste prometer que nunca te abandonaría y te lo prometí. Para sellar el trato, te pedí un día entero sin salir de la cama. Sin hacer nada. Solos tú y yo, explorando cada centímetro de nuestra piel y alimentándonos únicamente de besos. A la mañana siguiente no me dejaste salir de la cama, fueron las 19 horas más bonitas de mi vida. Recuerdo cada palabra, cada respiración. El tono de tu voz, cada latido de tu corazón. ¿Te acuerdas tú?

A  las ocho y cuarto de la tarde nos levantamos de la cama. Después de cenar me dijiste que querías ser el único que besara mis labios. Te miré y te dije que serías el único que amaría el resto de mi vida. Te arrodillaste y me hiciste prometer que algún día me casaría contigo. Tendremos un millón de hijos y una casa con vistas al mar, mi amor –te respondí yo. ¿Te acuerdas?

Cuando acabó el verano volviste a Mallorca y todo se fue haciendo mas difícil. Aun así, aguantamos sujetados al clavo más caliente que jamás había tocado. Pero todos tenemos un límite, ¿no?. Tus celos fueron mi limite, nuestro final. Mi corazón y yo no resistimos más de tres meses a base de gritos. No soporto los gritos. Ya no recordaba cómo sonaba un te quiero de tus labios. Sin embargo, te quería. Te quise, te quise como nunca antes había querido a nadie. Hubiese sido tuya el resto de mis días y jamás hubiese dejado que nadie te hiciera daño.

El día que nos dijimos adiós pude sentir cómo se desgarraban partes de mí que nunca antes había notado. Dormía oyendo a mis propios latidos pedir a gritos un abrazo tuyo. Soñé contigo cada noche los siguientes ocho meses. Aun sueño contigo a veces, al decir verdad.

Sueña tú conmigo, recuérdame. Recuerda lo que fuimos porque no sé como reaccionar ante el hecho de imaginarte preguntándole a alguien quién soy. Soy yo, Maya. Soy quien te quiso anteponiendo cualquier cosa a nuestro amor. Soy quien te dijo que te querría el resto de mi vida. Soy a quien miraste durante un día entero entre las sábanas. Soy yo, Maya. No puedes olvidarme porque te aseguro que ante eso, no sé como reaccionar.

(….)

Esta mañana me llamó Navy, la prima de Aytor. Me dijo que en octubre tuvo un accidente y entró en coma. Me dijo que despertó hace dos semanas y había perdido el conocimiento. Me dijo que según el medico, no lo volvería a recuperar. Me dijo que hace ocho días encontró una foto mía en su ordenador y preguntó que quién era.  Luego siguieron mostrándole fotografías de otras personas.

-No deja de preguntar por ti, Maya. Tienes que venir a verlo. Le dije que por qué insistía tanto en ti si ni siquiera recordaba tu nombre y me dijo que tenia la sensación de haber estado contigo mientras estuvo en coma. Dijo que estuvo contigo y con su madre, ¿entiendes lo que te digo?. No sé qué hacer ni si debería intentar que recordase vuestra historia, pero ahora mismo estoy acojonada y no sé qué ficha mover o qué decirle.

-Dile que lea este post.

PD: Escribo esto después de dar vueltas por Murcia durante casi dos horas. Conducir me relaja. He aparcado el coche cerca de la carretera y he escrito esto mientras intentaba explicarme a mí misma por qué cojones sigo teniendo como fondo de escritorio una foto de Aytor. Por lo demás, llevo un día plano desde que respondí al móvil, es como si no sintiera nada.

Luego le he enviado un mensaje a Navy diciéndole de la existencia de este blog. 


 El fondo de escritorio por lo pronto, no lo pienso cambiar.
Me gusta pensar que soy yo el reflejo de esa pupila.


Mónica Gae.

martes, 3 de enero de 2012

El polvo inesperado.


Llamémosla Beth.

Beth escribe un blog. Al igual que vosotros un día llegasteis a éste yo un día fui a parar al suyo. Desde entonces es una de las tantas páginas que siempre abro cada vez que enciendo el portátil por si acaso hubiese una entrada nueva. Hasta aquí una historia como otra cualquiera. Como dato añadiré que las entradas de Beth son en su mayoría muy subiditas de tono. Beth es de Madrid y  yo de Murcia, pero como sabréis (y si no os lo digo yo) me encanta patearme cuantos destinos se me pongan por delante. En verano me propusieron ir a Madrid. Yo acepté sin pensarlo.

Le envié un privado diciéndole lo muchísimo que me encantaba leer sus palabras. Me contestó con una carita sonriente y yo le propuse un café en La Puerta del Sol. Aceptó.

(Espera. Creo que quedará mejor si lo escribo en modo directo)


Hace calor, muchísimo calor. Estamos en pleno Agosto y he quedado con Beth. Estoy extrañamente nerviosa, me pasa cuando admiro a alguien. Son las cinco de la tarde y llevo dos días en la capital. Yo, que soy capaz de equivocarme de línea de metro y acabar en la otra punta del país, le propongo quedar en la Puerta del Sol. ¿Sólo hay una Puerta del Sol, no? –pregunto bromeando. Maldición. Si lo he escrito no captará la ironía y pensará que soy una completa cateta de pueblo. Sdfnsugñhisfg. Sí, tranquila –me responde a secas. Ya está. Si es que soy idiota.

La veo a lo lejos. Hemos quedado a las 19.00 pero ambas llegamos diez minutos antes. Yo guardo las distancias por un momento, nos deben separar 50 metros. Parece natural, me gusta la gente natural. Tiene la tez pálida y el pelo negro. Lleva unas gafas de sol oscuras, vaqueros y una camiseta blanca. Lleva una mochilita gris y verde. Me gustan las mochilitas.

Me acerco. Me entra por un momento el pánico y agacho la cabeza. Maya, ¡levanta la mirada! No es un extraño por la calle, va a pensar que eres imbécil. Me convenzo y levanto la mirada. Se quita las gafas y nos damos dos besos. Me dice si es la primera vez que vengo a Madrid y respondo que no. Me pregunta si quiero ir a algún sitio en especial y respondo que no. “¿Tú no eres de muchas palabras, no?” (Ella no lee mi blog, eso lo tengo superado.) Bueno, cara a cara me cuesta arrancar respondo yo. Sonríe. Le pregunto si todo lo que escribe es real y me dice que los mejores textos siempre lo son. (¿he dicho ya que lo que escribe es muy subidito de tono? ¿he dicho ya que es bisexual? ¿he dicho ya que describe detalladamente cómo deshace a cada víctima entre sus sábanas?)

Me pregunta sobre mí y yo me encojo de hombros. ¿Estas con alguien? –pregunta. Le miro y respondo que no. En verano intento controlarme, la última vez acabé enamorándome y no salió muy bien, creo que el calor me sobrecalienta el cerebro. ¿Chico o chica? –pregunta ella. Me quedo extrañada y luego vuelvo a recordar que no me conoce de nada. –Chico, chico –respondo sonriendo. Entiendo –susurra justo antes de beberse el último trago de café. ¿Cuánto tiempo te quedas? Exactamente los próximos cuatro días. –Perfecto, entonces te enseño Madrid.

Me lleva al barrio de las letras (amo con todo mi corazón esta parte de Madrid. No podría describir cuántos escalofríos me recorrieron la espalda cada vez que pensaba que Cervantes, Lope, Quevedo o Góngora pisaron en su día el mismo suelo que en ese mismo instante pisaba yo). Nos detenemos, tiene un pisito junto a la Plaza de las Cortes. Justo encima de un bar al que decidimos entrar. Me pregunta si me apetece algo y le digo que me muero de sed.

Me pido una coca cola y ella le dice al camarero que le añada Ballantines. ¡¡Lee mi blog!! No no, imposible, no te flipes Maya. Bueno, a menos ha leído mi perfil. ¡¡Lee mi perfil!! Me mira y me dice si es muy temprano para mi. Le digo que nada es nunca muy temprano si es verano y tiene hielo. Primera copa, primera burrada. No me gusta perder las costumbres.

Han pasado dos horas, deben ser las once y media. Voy etílica pero puedo articular palabras, eso significa que aun puedo controlar los instintos básicos que en este estado suelen controlarme a mí.  

¿Subimos? –me pregunta cambiando el tono de su voz. Yo me quedo mirándola y respondo que a qué. Me clava la mirada y me dice que promete no publicar nada en su blog. ¿Sabéis ese momento en que todo a tu alrededor se detiene? ¿Se para? Pues a mi se me paró en este momento. Se me paró y sopesé los pros y los contras. Los qué dirán y los a quién le importa. Me coge la mano y me saca del bar.

Subimos las escaleras besándonos en cada rellano. En el segundo perdemos la camisa. Yo, que aún lo estoy asimilando, no puedo parar de temblar. Me dice que me calme y que si quiero parar. Le miro y le digo que abra de una vez la puerta. Sonríe y busca las llaves.

El piso tiene las paredes pintadas en un color rojo oscuro. Dejamos un rastro de ropa hasta la habitación y entramos. Al ver la cama me paralizo por un segundo, ella se da cuenta y me susurra al oído que no piense.

Tiene un millón de lunares y a mí me encantan los lunares. Es extraño y excitante. Todo es nuevo. Recorro su cuerpo y ella recorre el mío. Baja lentamente dejando a una de sus manos acariciando mi pecho. Cierro los ojos y me agarra con fuerza el pelo. Dios. Vuelve a subir y nos besamos. Inspecciona mi cuello con su boca y yo hago lo mismo. Me quedo por un segundo mirando su cuerpo y sonrío. Hago de su vientre un circuito para mis dedos y se eriza. Vuelve a ponerse encima bajando muy, muy lentamente. Estamos empapadas de sudor y jadeantes. Comienzan los gemidos y me tapa la boca. No da resultado. Me tiemblan las piernas, creo que no las puedo mover. Los brazos apenas me responden y yo le pregunto si es normal. Se ríe y me dice que aun nos quedan cuatro días. La miro y repito,

...que aún nos quedan cuatro días.




PD.1: Post dedicado a Eli y su novia, quienes en el intento de ponerme a prueba anoche me retaron a que no sería capaz de escribir con la misma intensidad y detalles algo que nunca he vivido. Vosotras diréis si lo he conseguido.

PD.2: Dedicado también a quienes dicen que me expongo demasiado. Escribo sólo y únicamente lo que quiero escribir. A veces es real, a veces soñado y otras veces, como ahora, me lo invento. Ahí esta lo interesante.

PD.3: Por otra parte estoy probando la teoría de que cuando hablo sobre sexo suben el triple las visitas. Mañana subiré uno de esos que te salpican el corazón y veremos.


Supongo que ahora os toca decidir a vosotros si he conseguido realismo.

¡Besos y guiños con imaginación para todos!

Mónica Gae.

Jonh y cosas que me quedaban dentro.


Son las 18:00 de la tarde. Miro el reloj y vuelvo a encender el portátil, el plan sigue en pie. Me ducho y escribo un post que nunca verá la luz. He quedado con el Chico 3 (John a partir de ahora) para ir al cine a las 20:00. A las 19:55 salgo de casa, meto sexta y lo veo esperando a lo lejos. Yo estoy en un semáforo a unos 100 metros, él aun no puede verme. Me gusta observar a lo lejos, me gusta porque suele acercarse a lo que no veré de cerca.  Se monta en el coche y efectivamente, es distinto. Distinto a como me parecía en las fotos y distinto a la imagen que creé de él en noche vieja. El alcohol es lo que tiene.

Es moreno, alto y tiene un aire infantil que por norma general, me encanta. Llegamos al cine y nos pasamos de la hora. ¿Qué hacemos? –me pregunta. ¿Crepes? –respondo yo. (Y aquí viene cuando me salto la parte en que jugamos a los bolos. John-59 Maya-94. Bueno vale, esto lo tacho y así nadie se entera.)

Dos horas más tarde te preguntas por qué no se puede estudiar aeronáutica en Murcia. Minutos más tarde me lo pregunto yo. Hablamos de cómo acabó agregándome un día. De las pulseras que llevo y de regalos. Hablamos de nuestra infancia, de nuestros padres, de las personas que de alguna manera nos han hecho ser como ahora somos. Me pregunta por la sensación que tuve de haber besado a alguien en noche vieja y me la aclara. Le hablo entonces de Aytor, de Maël y de Paul. Me mira y yo pienso que ninguno de ellos eran de Murcia. Lo miro y pienso que él ahora tampoco es de Murcia. Me pregunta si puedo esperar cuatro años y simula pedirme matrimonio. Sonrío y le digo que ni un día más. Cuatro años.

A las 00:00 será su cumpleaños y yo quiero ser la primera en felicitarle. Volvemos al mismo sitio donde lo recogí. Son las 23:50. Pasan diez minutos con la calefacción al máximo y miro el reloj de reojo: ¡Felicidades, John!  Comienzan a llegarle watsapp y nos despedimos. Me enciendo un piti y pienso:

¿Por qué no se podrá estudiar aeronáutica en Murcia?



Y ahora  rebusco en mi interior y escribo esto: 

Es gracioso cómo cambian las cosas sin apenas darnos cuenta. Hace 12 meses era una enganchada al dolor que me hacían sentir los cambios bipolares de Aytor. Hace 3 meses pensé que había encontrado el amor de mi vida y hace tres semanas me di cuenta que ni siquiera era capaz de sentir dolor. No tenia ni ganas ni fuerzas para sentimientos de tan alto calibre. Necesitaba (corrijo, necesito) volver a vivir en los pequeños detalles. En los puede ser y en los quizás. Necesito volver a ser la persona que era hace un año y medio y el final de este post creo que será un buen comienzo. A veces encontrarse a uno mismo implica perderse en demasiadas ocasiones. Yo, me he perdido, he tropezado y me he vuelto a perder camino a Mallorca, a Valencia, a Albacete, a Madrid y a Londres. Y siempre sin billete de vuelta.

Últimamente me sorprendo de nuevo escribiendo cosas que me da miedo publicar. Me da miedo volver a leerlas sabiendo que las he sentido yo, que las sigo sintiendo. Cuando he llegado a casa tenia la firme intención de borrar la carpeta de cosasquenodeberíapublicar. Masoca de mí, he abierto una al azar y he escrito esto. ¿Sabéis? En este post puede que no os saque ninguna sonrisa pero una cosa sí voy a escribir alto y claro: Este fragmento lo escribí con los ojos empapados en lágrimas y esta noche, al volver a leerlo me he dado cuenta de que ni todo duele eternamente ni eternamente sangran todas las heridas.

He aquí un texto que pensé que nunca publicaría sabiendo que él lee este blog. He aquí mi forma de cicatrizar, o eso creo:


30.Noviembre.2011.

Hoy, como todas las noches, he mirado el móvil antes de meterme a la cama. Me he quedado en pause por un momento y he vuelto a encender el portátil. Tenia que escribir esto.

Echo de menos tener un whatsapp tuyo diciéndome lo mucho que te encantaría abrazarme hasta que sonara el despertador. Echo de menos hacerme la dura y que me ablandes con tan solo un beso. Echo de menos reírme de ti cuando hacías el tonto, que te rieras tu de mi cuando lo hiciera yo y llamarte patoso. Últimamente me olvido de todo menos de pensarte. Creo que quiero aislarme de momentos como este, de pensar en ti teniendo una hoja en blanco cerca. Escribir todo lo que llevo dentro y no poder borrarlo. Escupir como si fuera fuego que te quiero, que aun te quiero. Creo que lo que más echo de menos, ante todo y con infinita diferencia, es despertarme en mitad de la noche y darte un beso con cuidado. Poner mi mano sobre tu pecho y sentir que sigues respirando. Acariciarte lentamente captando cada detalle de tu cuerpo y volver quedarme dormida contando los latidos de tu corazón.

Esta noche me hace falta un whatsapp tuyo diciéndome que me quieres, que aun me quieres. O simplemente, que estas pensando en mi. Aunque solo sea un poco, a lo lejos. Me bastaría.

En fin.

Mónica Gae.

domingo, 1 de enero de 2012

Noche de suposiciones.


Digamos que anoche fue Noche Vieja. Digamos que llegue al garito en cuestión a eso de las dos de la madrugada. Digamos que, tras inspeccionar el ganado me encuentro a Chico 1. Digamos que Chico 1 es un yo en tío. Digamos que cuatro Ballantines con Red Bull después estoy teniendo una conversación con Chico 1 de follar sin compromiso. Digamos que me encuentro a Chico 2. Digamos que Chico 2 va a mi universidad y aunque no tengo demasiado trato con él, en ese momento recreamos un eufórico reencuentro con la misma pasión que siente mi abuela cada vez que ve a Belén Esteban (demasiada). Digamos que no recuerdo nada más con respecto a Chico 2 pero hay fotos demasiado cariñosas aunque no delatan ningún crimen. (Voy a potar, ahora sigo).

(Ya. Sigo). Digamos que no sé si Chico 2 me lee pero que anoche tuve por momentos crisis de identidad creyéndome Carrie Bradshow y grité el título de este blog a cuanto ser humano me rodeaba. Digamos que, en mi octava visita a la barra encuentro a Chico 3. Digamos que hace mucho tiempo que tenía a Chico 3 agregado como amigo pero que nunca lo había visto en persona. Digamos que yo siempre he tenido cierta curiosidad (bueno, digamos simplemente que siempre he sido demasiado curiosa). Digamos que veo a Chico 3 a lo lejos. Digamos que Chico 3 me ve a mi a lo lejos. Digamos que nos quedamos mirándonos, sonreímos y nos acercamos. Digamos que tenemos esta conversación:

-¿Chico 3?
-El mismo.
-En las fotos pareces más bajo.
-Tú eres diferente a las fotos.
-¿Diferente para bien o para mal?
-Diferente.
-(Voy borracha así que me lo tomo como un para bien y seguimos).
-Me debes un chupito –dice Chico 3 bromeando sobre la columna que recuenta las visitas en mi blog y que podéis ver a la derecha.
-Totalmente de acuerdo contigo. ¿De que lo quieres?
-Vodka no por favor.
-¿Absenta?
-(Se ríe).
-Dos chupitos de Tequila y un Ballantines con Red Bull. ¿Quieres tú otra copa?
-Pide un Ron con Coca-Cola.
-Mi hermano dice que todas las tías beben Ron con Coca-Cola.

Digamos que yo ya voy demasiado borracha. Digamos que las paredes del baño simulaban una pizarra y había tizas. Digamos que escribo un pequeño texto y firmo con el título de este blog. Digamos que lo que escribo habla sobre sexo y que esta mañana tenía unas cuantas visitas de más.

Digamos que sigo bebiendo. Digamos que sigo fumando. Digamos que vuelvo a la barra y conozco a Chico 4. Digamos que Chico 4 lleva un sombrerito y a mí me encantan los sombreritos. Digamos que me regala el sombrerito. Digamos que me quedo pensando si querrá algo a cambio. Digamos que nos hacemos una foto y me susurra algo al oído. Digamos que yo le devuelvo el sombrerito y no vuelvo a pedir en esa barra.

Digamos que hoy me he levantado con la sensación de haber besado a alguien. Digamos que, nada más abrir los ojos, he cogido el móvil y tenía demasiados correos, demasiados mensajes y demasiados watsapp’s. Digamos que entre esos watsapp’s estaba Maica, Paul, Chico 1, Chico 2, Chico 3, alguien a quien llamaré Anthony y tres números desconocidos preguntándome como había acabado la noche. Digamos que me agobio y cierro los ojos pero no consigo volver a dormir.

Digamos que tengo la sensación de haber besado a alguien y he escrito esto con la única intención de recordar algo. Digamos que no he recordado nada nuevo.

Digamos que mañana he quedado para ir al cine con Chico 3.


PD: El rey hace un discurso cada año y yo cada año me hago una foto en la misma escalera con la misma posición y con el mismo collar. Nos parecemos en eso y en nuestro amor por el alcohol. (Aunque yo lo frecuento sólo cuando la situación lo requiere y para él siempre lo requiere la ocasión). Saludos, su majestad.




¡Besos y guiños con lagunas mentales para todos!

Mónica Gae.