sábado, 14 de abril de 2012

Empújame.


¿Cuánto de ti hay frente al espejo? ¿Cuánto te dejas en él al salir cada mañana?

Prejuicios, normalidad, complejos. ¿Tan difícil es dejarnos ver tal y como somos? ¿Tanto nos gustan los disfraces?

En lo que pueden dar de sí 15 días ocho personas han entrado, por así decirlo, en mi vida. Unas con invitación, otras por la cara. Pues bien, este texto es para una de esas personas.

Tú no sabes cómo soy, no puedes saberlo. ¿Cuánto de mí crees que me dejo en cada cubata? ¿Cuánto cuesta mi corazón? 
Al parecer, si es con Redbull, cinco pavos.

Lo cierto es que a cada sorbo me siento más segura. Lo cierto es que, con cada chupito, me alejo más y más de la persona que suelo ser.

Y tú, que no sabes esto, me invitas a otro más.

Perfecto. Ahora dejo de ser un simple bicho raro para ser un bicho cualquiera que intenta bailar al son de cualquier canción.

¿Así te gusto más? Te asustarías si me vieras por dentro.

A mí no me gusta la música si no la elijo yo. A mí no me gusta Pitbull, Don Omar y la madre que los parió. ¿Conoces a Zetazen? ¿Conoces a Ruidoblanco? ¿Conoces esta canción? Bienvenido a mi mundo. ¿Ahora te gusto un poco menos, verdad?

Eh, pero tú no te inmutes, que esto lo estoy escribiendo medio borracha. Así que aprovecha, que mientras aún voy con cierto grado de alcohol en el cuerpo sería capaz de reconocer cualquier cosa. De escribir cualquier cosa. Pregúntame. ¿Qué quieres saber de mí? Te prometo que me quito el disfraz.

Lo cierto es que, últimamente, me pierdo con cada segundo que el reloj decide pasar. Es como si me hundiera en un mar que yo misma estoy creando. Mi propio mar de lágrimas que nadie ve, supongo.

¿Te vienes conmigo? ¿Nos hundimos a la vez?

Necesito que me empujes por la puerta de mi propio miedo. Necesito que me digas que seguirás ahí si me descubro, si dejo que me veas. ¿Seguirás ahí, o prefieres tomarte esa copa?

Perfecto. Supongo que yo también. Que sea Ballantines, por favor.

Ni te imaginas lo acojonada que estoy de mí misma estos días. De lo que podría ser y no soy. De lo que los demás quieren que sea y yo, como un títere, finjo ser.

¿Y si nos saltamos las normas por un rato?

¿Y si cerramos los ojos y fingimos que haga lo que haga, no pasará nada?

¿Y si finges que me quieres en tu vida aunque sea una tapadera para entrar yo en la tuya?

Quiero entrar en tu vida, en tu mundo. Quiero ser de carne y hueso, quiero ser real y que nadie me juzgue por ello.

Porque creo que me he vuelto adicta a ti y tú ni siquiera te has dado cuenta. Porque me descubro viendo tus fotos y tú ni siquiera te lo imaginas. Porque con cada una de ellas, desearía más y más tener valor y quitarme este antifaz.

¿Y sabes lo mejor?

Que seguramente tú ni siquiera leas esto y si lo haces, no podrías imaginar que hablo de ti, así de imbécil soy a estas horas de la noche. 




Mónica Gae.

domingo, 8 de abril de 2012

De oreja a oreja.

Hoy estoy feliz. 

¿Sabeis esos momentos en que sin venir a cuento, algo te hace click en la cabeza y no puedes aguantar las ganas de sonreír? Pues más o menos estoy así. Soy una yonki de la oxitocina, de la cocacola y de la cafeína.

Anteayer quedé con un amigo, Aaron. Grabamos nuestra segunda canción y nos pasamos la tarde entre risas, música y guitarras en un parque al que le dio por llover (quizás eso de que estuvieramos "cantando" tuvo algo que ver). 


Ayer, me propusieron hacer una estupidez enorme con la cual mi dignidad se iría al carajo y que por supuesto, acepté. La dignidad ocupa demasiado y con tantos ojos al final nadie acaba viendo nada -pensé yo. La apuesta, para colmo, incluía alcohol. No diré más, al final teneis el vídeo.

Y hoy, me han dejado tirada en el aeropuerto. Como lo leeis. Tirada cual perrito esperando que su dueño vuelva. Ahí estaba yo, esperando para recoger a alguien, con la cámara enfocando la puerta de llegada, cientos de personas que entraban, salían, y yo, ahí. Esperando mi persona. Enfocando a un montón de caras felices y sonrientes llegadas desde Londres, y nada. Y tic-tac y tac-tic, y nada. Y tres horas después, siguió siendo nada.

Pero esa sensación, la de un cocainómano puesto de polvos blancos, un yonki en cualquier parque, un cafeinónano en Starbuck, esa sensación, esa, la felicidad sin precedentes, seguía estampada en mi cara.

Hace tiempo leí un libro llamado "Ponte los pantalones de fiesta". No es gran cosa, pero el título ha sido básicamente la frase que más me he repetido cuando algo ha ido mal. Y eso he hecho. 

Ahora, acabo de llegar de una cena estupenda con las personas que más quiero querer en este mundo, y aunque me haya pasado el día dando vueltas (al final) sin ningún resultado, sigo teniendo una sonrisa ocupando mi boca. Empieza a ser preocupantemente estúpido, 

pero os la quiero contagiar. 




     Reíros conmigo, o de mí, pero reíros. ¡Quiero escuchar risas!



PD: cuando estoy feliz no suelo escribir. Esto es algo así como mi desahogo personal y vosotros mis múltiples psicólogos. Y sería una tontería ir al psicólogo para contarle lo estupenda que es tu vida, ¿no?. Aún así, no tardaré en volver a necesitar aburriros con mis palabras moñas. 

Mientras tanto sólo me queda deciros....


¡Besos y guiños para todos! 

Mónica Gae.

martes, 3 de abril de 2012

Ladrón de guante blanco.


Necesito girarme en plena noche y sentir que estas aquí, a mi lado. Necesito acariciarte mientras duermes, poner mi mano sobre tu pecho y asegurarme de que sigues respirando...

¿Sigues respirando?

Hace tanto tiempo que no escucho tu voz que creo oírla en cualquier lugar. Las agujas del reloj se acercan a las cuatro, y sin ganas de si quiera intentar dormir únicamente pediría una cosa. Una palabra que se escape de tus labios y me ayude a seguir. Un mensaje que se cuele entre las líneas de mi espalda.

Llámame, aunque sólo sea para devolverme a mi estado original, justo antes de conocerte. Justo antes de tener todo cuanto hubiera deseado, justo antes de perderte. Ni en mil palabras podría describir todo lo que te llevaste, el dolor que me desgarra al escribir estas palabras.

Devuélveme el valor, ni siquiera estoy hablando de orgullo. Quédatelo, quédatelo todo. No necesito seguir fingiendo que soy de piedra, que no me afectas. Sigues doliéndome tanto como el primer día, cuando te llevaste todo cuanto tenía.

Hacías tan fácil la posibilidad de regalarte todas y cada una de mis piezas, que nunca imaginé volverlas a necesitar. Y ahora, tumbada en ningún sitio se me clavan los segundos como astillas en el pecho. No puedes imaginar el dolor que he conseguido exprimir de cada recuerdo.

Hace demasiado tiempo que me desintegro.

Y no puedo moverme, y tú, no estás aquí para evitarlo. Se suponía que debías coger mi mano, sostenerla fuerte y levantarme de cada caída. Sin embargo, son casi las cuatro de la madrugada de cualquier día de Abril y sigo tropezando con cualquier obstáculo que lleve tu nombre, que me recuerde a ti.

Sigo perdiendo poco a poco todo lo que soy con la esperanza de encontrarte. De que me encuentres, o de acabar con esto. Fingiendo tener un corazón de hielo cuando en él siguen talladas nuestras iniciales.

Nunca dejé de amarte y tú nunca quisiste que lo hiciera. ¿Por qué me hablaste aquella noche? ¿Por qué quisiste conocerme?

Dijiste que era la nostalgia y te acercaste en aquel bar, dijiste que mi silencio retumbaba en tu cabeza como la mejor canción. Te acercaste y sonreíste. Sonreíste y me robaste todo lo que hoy no tengo, ganas de ser yo sin ti. Ganas de empezar de nuevo.

Ganas de olvidarte. 



Mónica Gae

domingo, 1 de abril de 2012

Uno, dos, tres...


Digamos que ella se llama Sofía y él Mario.

Mario esta apoyado en la barra del bar. Su postura transmite confianza, en una mano sostiene una copa y en la otra el móvil. A su lado están Javier y Carlos, sus amigos del instituto. Ellos bromean con otras dos chicas, las dos son rubias de ojos claros, seguramente extranjeras. Javier le da un codazo a Mario pero éste no aparta su mirada del teléfono. Bebe un trago de Ron e intenta unirse a la conversación.

A las doce y media entran Sofía y sus amigas al bar. Tras un rodeo consiguen una mesa para cuatro, cerca de la barra. Esa noche Sofía no tiene demasiadas ganas de nada, por lo que su capacidad para ausentarse en sitios públicos aumenta de manera importante. Tras unos minutos deciden pedir algo para beber. Sofía se ofrece para ir a por las copas.

-Dos Ron con Coca-Cola y un Ballantines con Red Bull, por favor.

Sofía conoce al camarero y éste le atiende nada más verla. El camarero bromea y ella le ríe la gracia. Es la primera sonrisa que regala hoy.

A su lado esta Mario, con la cabeza en su propio mundo sin prestar demasiada atención ni a sus amigos ni a las chicas.

Sofía roza a Mario y se disculpa. Mario se gira y cruzan miradas. Son la una menos cuarto y ésta vez la sonrisa, se le escapa. Con las copas en la mano, Sofía se queda paralizada por un momento. Mario no puede parar de mirar sus ojos, el móvil le vibra y ni siquiera se da cuenta. Sofía tiene el pelo castaño y lleva unas gafas de pasta azul oscuro. Mario lleva una camiseta gris del mismo color que sus ojos y tiene el pelo lo suficientemente largo como para taparle la frente de manera desenfadada.

Para ambos, la música se ha parado, en el bar sólo están ellos y la luz acompaña a creer en aquellos cuentos infantiles, en los finales felices. En las películas donde nada parece real, en el amor.

El amor..

Mario piensa que no existe y Sofía daría su vida por sentirlo en su corazón. Ella cree que es un regalo y él que es invisible, un fantasma para cuentos de hadas. Sin embargo, ninguno es consciente de nada ahora mismo, el tiempo se ha parado. En el bar, sólo están ellos.

-¿Te ayudo con las copas? –le pregunta Clara a Sofía, que se acerca al ver que tarda demasiado.
-No, no, tranquila. Estaba esperando el cambio, había mucha gente.

Sofía vuelve a la mesa con sus amigas sin poder dejar de mirar hacia la barra. Hacia Mario. Es una sensación extraña, casi como si pudiera escuchar los latidos de su corazón, lo que esta pensando, lo que esta sintiendo. Mario ha guardado el móvil. Sus manos, desde este momento, pertenecen a Sofía. O eso imagina. Se bebe la copa de un trago y saca un paquete de Lucky Strike del bolsillo trasero de su pantalón. Lo hace lentamente, esperando que Sofía se de cuenta y salga también a fumar. ¿Fumará? –piensa.

Sofía siente un escalofrío recorrer su nuca y saca la pitillera que le regaló su hermano. Sus amigas no fuman, con lo que se sale sola a los pocos segundos de salir él.

Con la luz de la calle se aprecia mejor cada detalle. Él tiene el pelo oscuro, ondulado. Es unos diez centímetros más alto que ella y tiene la piel aterciopelada.

La de ella, tirita.

Están a pocos metros, la música del bar aún se escucha y el humo de los otros fumadores le hacen compartir el mismo aire. Casi pueden sentirse el uno al otro. Sofía se enciende el cigarro luchando por volver a la realidad. Sus manos tiemblan y no hace frío. Con cada calada, el miedo de volver a dormir con el dolor le hacen más y más pequeña.


El tiempo parece haberlos paralizado, todo se mueve a cámara muy lenta y ella intenta mover sus pies sin ningún resultado. La cobardía lleva ahora las riendas de sus pasos y han decidido quedarse inmóviles. No podrá aguantar un solo rasguño más o se romperá en pedazos, es sólo instinto de supervivencia.

Mario la mira tímido mientras sus labios inspiran el humo de aquel cigarro. Nunca antes había sentido tanta curiosidad por unos ojos ajenos. Los de ella, verdes, ahora imaginan que su presente reune el valor suficiente para olvidar el pasado. Para vencer al miedo. Para dar un paso.

Para decir en voz alta, lo que las palabras callan en su corazón de miedo. Lo que tantas mentiras intentaron destruir.

Sólo tiene que cerrar los ojos, contar hasta tres, y volverlos a abrir.




1, 2, 3….

Mónica Gae.

jueves, 22 de marzo de 2012

Sócrates fumaba Moby Dick. Primera parte.




“Es como el humo de cualquier cigarrillo –piensa, siento que en cualquier momento una calada será la que me consuma a mí, convirtiéndome en ceniza y fuego, niebla y oscuridad.”

Aquel sueño había convertido al insomnio en su mejor amante. 

Y dice así:


El sol era abrasador, deberían de ser las cuatro. A lo lejos atisbé un templo, inmenso, grandioso. Me acerqué cuidadosamente, sin ser consciente del nombre de aquel lugar.

-Tu vestimenta es un poco extraña, joven –escuché al llegar al templo.
-Disculpe, señor, creo que me he perdido. ¿Podría decirme dónde estamos? ¿Qué año es?
-Curiosa inquietud la que promulgas, pequeña extraña de extraña vestimenta. Esto es Mileto, la colonia de Mileto, y yo soy Tales. Estamos en el año 580.

Todo es agua, hielo o vapor –me cuenta el anciano. Dice que es el origen y el final de todo ser. Hace demasiado calor y no tengo a dónde ir, creo que me quedaré charlando.

Verás, joven, tú y yo somos agua. Las plantas, los animales y los insectos son agua, aunque el agua que compone al ser humano está hecha de una pureza distinta. Pureza de la que no somos conscientes. Cuando enfurecemos podemos llegar a evaporar mares, helando el mismo Nilo si despreciamos nuestro propio corazón. Cuando aprecias la grandeza de lo que nosotros, tú, yo, y cualquier habitante de este mismo mundo somos, podemos llegar a convertir esa pureza en cosas indescriptibles. Podemos construir pirámides inmensas para el descanso de un alma que ya descansó en vida. Podemos desafiar a nuestra propia esencia resolviendo enigmas impensables para aquellos incapaces de pensar.

-Verá usted, señor. De donde yo vengo, pensar te hace diferente, pero de una manera tangencialmente distinta. En mi mundo temen a las ideas nuevas y los soñadores son diagnosticados por un médico. La pureza de la que me habla solo la conservan los más pequeños, aunque cada vez les enseñamos a esconderla antes. Dicen, los que osan conocerla, que puede llegar a convertirte en alguien diferente, extraño. En mi mundo las personas no son agua, señor. Son máquinas sin intención de plantearse un segundo para la  paz, para la calma. Para pensar. En mi mundo son pocas las personas que aun soñamos. Y eso es, siento decirle, lo más parecido a la pureza de la que usted me habla.  

A nuestra conversación se une un señor que escuchaba atento a pocos metros, dice llamarse Anaxímenes. En este lugar el tiempo puede avanzar y retroceder con tan solo imaginarlo. Les ofrezco un piti y seguimos hablando. Comienzan a toser, novatos de la nicotina.  El nuevo personaje intenta explicarme que Tales esta equivocado, que no todo es agua, sino aire o niebla. A mí todo esto me recuerda a los estados anímicos que los bohemios twittean queriendo parecer abstractos. ¿Quién no siente la más absoluta libertad cuando el aire le recorre cada facción de la cara? ¿Quién no ha sentido alguna vez niebla dentro de su estómago? 

(–La niebla anímica no es nada divertida, pienso yo)

De repente el templo en el que estábamos comienza a derrumbarse. Las calles se hacen más estrechas, la ropa de los habitantes cambia y un tercer personaje aparece en el escenario.

-¿Qué está pasando? –preguntó Tales asustado.
-No os preocupéis, creo que sois parte de un sueño.
-Eso no tiene sentido –responde aquel nuevo personaje. Me llamo Heráclito y vuestra teoría de la vida está insultantemente equivocada.

Veréis, todo en este universo esta en movimiento, todo fluye. Y aunque exista una razón universal que hace que todos los seres estemos conectados, las opiniones y conceptos de la mayor parte de la gente podría compararse con los más básicos juegos infantiles. Vosotros no lo entenderíais.

Tales y Anaxímedes lo miran boquiabiertos y comienzan a reírse. Vale. He de confesar que puede que aquel cigarro de liar llevara algo más que tabaco. Mucho más.

Heráclito no entiende sus burlas, los mira y les exige una disculpa. Yo me levanto y le explico que todo es parte de mi imaginación, que pronto todo habrá acabado. Se calma y le digo que puede sentarse con nosotros y probar una nueva filosofía humeante que le hará escribir por lo menos, Sobre la Naturaleza y Razón Común.

Accede

Con la primera calada se destruye el Templo de Apolo en el que estábamos apoyados. Con la segunda aparecemos en medio de una plaza con vistas a la costa de Abdera, rodeada de niños corriendo de un lado a otro. Con la tercera comienza a toser y el color de su piel se pincela de blanco.

Un hombre a lo lejos se acerca poco a poco hacia nosotros. Espero que el sueño no incluya agentes de policía de incógnito –pienso.  

Su nombre es Demócrito, debemos rondar el año 440. Al parecer, el olor de aquella inspiración atrae a los curiosos.

-¿Me permites? –le pregunta a Anaxímenes señalándole la mano. Anaxímenes le pasa el "cigarro de liar" y lo inspecciona.
-Mm, interesante composición la de estos átomos. Me pregunto en qué momento las plantas decidieron convertirse en carismáticos bufones. Pues he de suponer que la reacción química que compone este extraño vegetal es el causante de tanto alboroto y risas, ¿no es así?

-Supones bien –contesto yo.

Heráclito, pálido pero risueño, intenta ponerse de pie.

-¿Se puede saber de que hablas? Balbucea entre risas.
-Verás –comienza a explicar Demócrito. Todos, tú, yo, ellos, y esta extraña  joven de extraña vestimenta, estamos compuestos por unas piezas diminutas e invisibles eternas e inalterables, los átomos. Están por todos lados y cuando se juntan millones de ellos pueden dan lugar a seres totalmente distintos, como esta curiosa planta rodeada de papel. Por cierto, ¿Qué nombre tiene y para qué se utiliza exactamente?
-Acércatela a los labios e inspira, traga el humo e intenta que conozca tus pulmones durante unos segundos, luego, espira –le explico. Otro más que al llegar a casa escribirá sus mejores obras –pienso.

El sol ha decidido dejar paso a un cielo completamente estrellado, sin luces que lo contaminen puede verse cualquier constelación. La risa se cambia por gumia y decidimos hacernos con algo que comer.
-Aquel sitio tiene buena pinta –exclama Tales.

Me quedo boquiabierta. Es un Mc Donald junto al templo de Delfos. Hay una oferta en la que regalan un paseo guiado con posibilidad de probar la sustancia narcótica que inspiraba a la sacerdotisa Pitia, quien hasta las cejas, “transmitía los mensajes del dios Apolo.”

Cinco Chesse burger dobles, coca cola grande y patatas para todos, por favor.


¡Besos y guiños para todos! 

PD: Esta vez si que os pediría vuestra opinión de si quereis que publique alguna parte más, como dato diré que los siguientes en aparecer son Platón y Sócrates, que están liados y que aparece el whisky. 

Mónica Gae.

domingo, 18 de marzo de 2012

Dondequieraqueestés.


Seas quien seas y estés donde estés, ojalá esta noche estuvieras aquí.

Te necesito. 

¿Te haces una idea de lo patético que resulta necesitar a alguien que aún no ha llegado tu vida? ¿Te haces una idea de lo que se siente al ser consciente de ello? ¿De lo que duele?

No. No estoy pidiendo a gritos que aparezca quien sea. No estoy desgarrándome el corazón con cada palabra de este texto para que suene mi móvil con cualquier número desconocido. Necesito que me llames tú, aunque aún no conozca tu número.

Me prometí no volver a buscarte, ni siquiera pensar en querer hacerlo. Pero me he caído y créeme, no reconozco el lugar en donde estoy. Nada de lo que me rodea me resulta familiar, ni siquiera me veo ya reflejada en los espejos que yo misma me he encargado de romper.

Ayúdame. Coge mi mano porque lo necesito para continuar. Quise destrozar cada pieza de mi puzle sin tener en cuenta lo muchísimo que dolería conseguirlo y, ¿sabes? No me bastó cuando las vi en el suelo, rotas y sangrando frases que suplicaban clemencia. Las recogí delicadamente para tirarlas al más profundo de los mares, con cadenas, sepultadas bajo millones de piedras que me asfixian ahora cada vez que cae la noche.

Me están ahogando. Los latidos de mi corazón pierden fuerza y siento que me consumiré en la nada en cualquier momento.

Ven. Date prisa y recuérdame que un día aparecerás para no irte nunca. Ven y recuérdame las tardes que pasaremos juntos, las noches en vela y los desayunos en la cama. Ven y dime que siga, por favor. Que te siga esperando.

Ven porque me he alejado de quien solía ser, y esta extraña que hoy se hace pasar por mí ha olvidado cómo caminar, cómo sonreír, cómo luchar cuando lo ha perdido todo. Cuando no le queda nada. Cuando no te tiene a ti.

Necesito que mires en mi ojos y me recuerdes cómo solía ser. Necesito que me digas que me deje de disfraces, de fachadas que se acaban cuando sale el sol. Necesito que me digas que existes, que has nacido y que algún día besaré tus labios. Que algún día rozaré tu piel.

Por favor, dime que estas en algún rincón del mundo pensando en que yo

..estoy en algún rincón del mundo.



Mónica Gae.

domingo, 11 de marzo de 2012

Si te mueves, paro.


Debían de ser más de las tres de la madrugada.

El ruido de la calle se escuchaba con demasiada claridad y la música de un coche bastó para desvelarla. Las sábanas estaban húmedas y la habitación seguía oliendo a restos de tabaco y alcohol. Intentó recordar el sueño en vano y decidió salirse de la cama. Miró el reloj de la mesita de noche y se quedó unos segundos pensando en lo mucho que había cambiado todo en cuestión de unos pocos meses. Hace tiempo, cuando se despertaba en mitad de la noche lo único en que podía pensar era en el lado vacío que quedaba en el otro lado de la cama. Ahora, sin embargo, lo prefiere así.

Desde su historia con Paul intenta desaparecer con los primeros rayos de sol de cualquier habitación ajena. Piensa que despertar junto a alguien requiere sentimientos, siempre lo ha creído así, y de momento, sentimientos es lo último que le apetece tener. Aún así, en todo pensamiento debe haber una excepción, ¿no creéis? Marcos es su excepción.

Vuelve a coger el móvil y le envía un whatsapp: ¿Estas despierto?. Apenas pasa un minuto cuando lee en la parte superior de la pantalla “M. Carbonell esta escribiendo un mensaje”

-Sí, ¿tú qué haces despierta a estas horas? ¿Otra vez con tu insomnio?
-Más o menos. ¿Estas ocupado?
-Puedo desocuparme si es lo que quieres, pero tendrá su precio.
-No te flipes tanto, cara bonita.
-Sabes que te encanta que me flipe, culo bonito.
-Si voy a pagar un precio reclamo efectividad. ¿Por qué estas tardando tanto?
-Dame diez minutos.

Marcos vive a las a fueras de la ciudad, sin embargo nunca ha tardado más de quince minutos en aparecer por su puerta después de cada llamada. Tiene veinte años, estudia magisterio infantil y es, físicamente, una fotocopia de Aytor. La primera vez que lo vio no pudo parar mirarlo, embobada, durante horas. Interiormente, por suerte, son polos opuestos. Tiene unos cuantos tatuajes, el pelo largo, rizado, y un piercing en la barbilla. “Es como Aytor pero maqueado y en versión ricitos” –dice Amie.

Nunca me podría enamorar de él, lo tuve claro desde el primer momento en tuvimos una conversación. Por eso, en este 
Stop de sentimientos, es el hombre perfecto para mí. ¿He dicho hombre? Niño se ajustaría más a su mentalidad. Incluso niñato. Y eso, es tanto nuevo como excitante para ella.

Doce minutos después llaman a la puerta. Es él. Ella lo recibe en ropa interior tapada con una bata de seda azul marino. Marcos se queda en la puerta, mirándola de arriba abajo sin ocultar sus pensamientos.

¿Vas a quedarte toda la noche ahí o te invito a entrar? Él se muerde el labio, tira el casco y la chaqueta al suelo y se lanza sobre sus labios. Por el pasillo dejan un rastro de ropa hacia la cama, donde empiezan a oírse jadeos y susurros.

-¿Esta noche podré quedarme o me echarás de nuevo? –le dice al oído mientras le muerde el lóbulo de la oreja.  
-Sólo si paras –contesta ella.

Tras veinte minutos recorriendo él el cuerpo de ella, es ella la que toma el control. Le agarra por la cintura separándola unos centímetros de la suya y se pone encima sin dejar de besarle. Me toca –le dice con una sonrisa pícara. El pelo le tapa juguetonamente los pezones y busca al son de la música de fondo el coletero en su muñeca. Ni lo pienses –dice él poseído por el morbo. Sabes que me encanta. (Sí, lo sabe, y a ella le encanta que se lo recuerde.)

La mano de ella se desliza desde la boca de él, bajando por su vientre hasta llegar a la cadera. Se detiene unos segundos y le mira a los ojos. Él sonríe. Ella juega.

Poco a poco, mete una de sus manos en los calzoncillos creando los primeros gemidos. Con la otra, lleva las dos de él por encima de su cabeza, dejándolo totalmente indefenso.

-Shhhh. Si te mueves, paro.

Con cuidado y sin dejar de sujetarlo, pasa su lengua por la línea Alba de su ombligo, subiendo hasta los pectorales y aumentando los latidos de su corazón.

-Por Dios, ¿….qué me estas haciendo? –pregunta jadeante.
-Shhhh…

Un suave soplo de aire consigue erizarle la piel a Marcos, quien con esfuerzo, consigue liberar una de sus manos y la mete por debajo del culotte de encaje negro de ella. Su tacto es absolutamente perfecto. Tanto, que en pocos minutos es él quien comienza a dominar a ella. Si ahora te sujeto yo a ti.. no podrás decir nada..

Y nada dijo.



Mónica Gae.

domingo, 4 de marzo de 2012

Follando o fuera de cobertura.


Aun estamos en la cama y a ti te vibra el móvil. Lo coges.

Aunque hayamos terminado los minutos de después me gustan tanto o más que los durante. Sonríes mientras miras la pantalla y yo pregunto que quién es. Dices que te están hablando por el Facebook sobre el examen del martes y yo me enciendo un piti.

Sigues sonriendo. A mí me entran ganas de tirarte el móvil por la ventana pero me controlo. Tu boca dibuja una mueca mientras tus ojos siguen atrapados en esa pequeña pantallita táctil.

Me levanto para buscar mi ropa y me llevo de un tirón la sábana que nos casitapaba. Tú te quedas en pelotas y te quejas. Tápate con el móvil, cariño –contesto con sarcasmo. Me visto y salgo de la habitación hacia el salón, enciendo el portátil y te mando un privado:

“Ya que estas con el Facebook, supongo que leerás esto en cuestión de segundos. Ven y repetimos antes de marcharme, aun puedo apurar casi media hora. En cuanto termine el piti saldré por esa puerta si no me traes aquí tu bonito trasero. Anda, lee esto, ven riéndote y diciendo lo muchísimo que te encanta que me enfade por tonterías y que despuésdelafunción siempre me pongo más sensible"

 Pasan cinco minutos y el piti se apaga. Cierro el Twitter, los cuatro blogs que siempre acabo abriendo y mi canal de músicaparadespués del Spotify. Echo un ultimo vistazo y cierro finalmente el Facebook.

Lo pienso mejor y lo vuelvo a abrir. Esccribo otro mensaje:

“¿P? Soy M. ¿Estás por el centro?” Me dice que y mis planes cambian exponencialmente. El bonito trasero no me ha contestado aun, por lo que me acerco a la habitación para despedirme y lo encuentro hablando por teléfono.

Me planto delante, le beso apartando el móvil con una mano y llevando de excursión hacia el Sur a la otra instantáneamente. Me alejo y le digo que no se moleste, que hable sobre el examen sin prisas, que voy al baño y que vuelvo enseguida. Salgo por la puerta en dirección a Gran Vía sin intención de volver. 



Lo que más me gusta de P es que apenas utiliza el móvil.

Mónica Gae.

Actrices, escenarios y butacas.


Cuando decidí alejarme de mí misma no supuse que me acercaría tanto al miedo de enfrentarme a una hoja en blanco. Cerrar los ojos y desear ser otra persona es la parte fácil. Lo difícil, viene cuando lo consigues.

Cuando te levantas, sales a la calle y poco a poco dejan de reconocerte. Cuando te dicen lo mucho que has cambiado en tan pocos meses. Cuando escuchas un “quien te ve y quien te viera”  y tú te autoconvences de que así estarás mejor.

Si no estas yendo hacia ningún lugar, ¿con qué mapa has de trazar el camino? ¿Cómo darte cuenta de que te has perdido? ¿Cuándo deberíamos rendirnos y dar la vuelta?

Últimamente tengo la impresión de avanzar a pasos demasiado grandes, agigantados, cuesta abajo. Me tiemblan las manos si veo una hoja en blanco por miedo a que ésta no sea capaz de verme. De pintar mis defectos para luego desdibujarlos. En cierto modo escribir siempre ha sido un espejo para mí. Desde que me alcanza la memoria, el lápiz, el bolígrafo y las teclas han sabido escribir lo que yo no me atrevía si quiera a pensar. Y ahora, atascada en un documento de Word vacío, no veo nada. No veo a nadie.

Interpretar un personaje deja de ser divertido cuando se te olvida quién es el actor. ¿Acaso pretendía vivir en esta película eternamente? ¿Quién decide ahora cuándo bajar el telón? Es el escenario de mi vida y ni siquiera tengo un papel en él.


Y lo más triste, es que están todas las butacas vacías.



PD: Estoy entre irme de la ciudad unos dias, cortarme el pelo o cerrar esto. Lo digo para que no pille de sorpresa. 

Mónica Gae.

sábado, 3 de marzo de 2012

Para "La Borde"

Entrada única (con acento) y especialmente dedicada a La Borde.

Sin faltas de ortografía.

Reto superado.

¡Besos y guiños asturianos y SIN FALTAS DE ORTOGRAFÍA para todos! Muuuuuuuhhh

PD: 06: 15AM.

A sobar.