jueves, 14 de junio de 2012

Caricias fuera de la carta.

Con cascos, mejor :)


Estoy perdida. Perdida y sin saber a dónde ir. 
Supongo que por eso te busco, Diciembre, ya ni siquiera sé si te conozco. Deberías verme ahora mismo, estoy tirada en la playa y son casi las cinco y media de la madrugada, tengo un nombre entre mis manos que no me atrevo a pronunciar y el corazón envuelto en lo que parece un trapo de astillas. 
Es como una bala que ha perdido el rumbo, y me alcanza cada vez que creo saber quien soy. Saber quien eres. Son casi las cinco y media de la madrugada de lo que parece ser la noche más larga de mi vida,

y esto empieza a superarme. 
La canción que tocabas al levantarte mientras yo preparaba el café no suena igual sin tus dedos. Sin la forma que tenían de acariciar la guitarra mientras yo intentaba hacerte reír. Esto parece ser la noche más larga de mi vida pero…
mañana fingiré tener valor. 
Y mientras el humo de la última calada se cuela por mis pulmones, han consumido como este cigarrillo, las ganas de encontrarte. Necesito gritar, gritar a todo, a nada. A todos y a nadie. A mi misma. El frío del invierno ha conseguido estancarse en todos sus sueños, por mucho que digan que ya es primavera. 
Ya no pienso, ni siento, ni lloro. Las últimas migajas de fuerza las necesito para sobrevivir, sin saber si quiera quién eres. 
No te imaginas cuánto cuesta engañarse a veces. 
Y cómo avanzar, si cada paso es un nuevo obstáculo que no quiero vencer. Si pensar en esto es sumergirme en infinitas preguntas que no puedo responder. Ojalá no te hubieses ido, ojlaá tan sólo hubiésemos terminado, todo hubiese sido mucho más fácil. Pero el despertador siguió despierto mientras yo estaba soñando e hizo su trabajo a la perfección. Supo cómo hacerte desaparecer sin dejar una sola prueba, una sola pista.

Pero supongo que ya es hora de despertarse, y aceptarlo debería ser el primer paso. Olvidarte sin haberte conocido nunca estuvo entre mis planes, pero ahora, paralizada ante el inminente regreso del verano, mentiría si dijera que no te echo de menos. Recordar tus consejos nunca fue tan complicado, nunca, como cuando no quiero escucharlos. 
Respóndeme a esto, seas quien seas, ¿qué se supone que me queda si he olvidado por completo a la persona que solía ser? Un mar repleto de dudas entre castillos de arena en donde guardo mis miedos. Y es que tumbada bajo mis sábanas todo ha sido siempre menos complicado, junto a ti, sería demasiado fácil. Por eso quizás, he inventado la necesidad de necesitarte, contigo como objeto de todas mis noches dejo a un lado todo lo demás. Todo lo importante. Lo que realmente debería apreciar. 
Si te doy un beso y tú apartas la mirada, y con sólo una caricia fuera de la carta, pides la cuenta y te vas. Es la más dolorosa de todas las jugadas: saber que apuestas mi sonrisa a una mano robada.

Si.. Pensar que tú eres el mayor de mis problemas o la mejor adicción que acabará conmigo es el camino fácil que desde hace ya demasiadas noches, recorro sola. Una travesía cuesta abajo, el reto de llegar con vida al otro lado, sin volante, ni frenos. Sin tus manos. 
Porque buscarte a ti, tengas el nombre que tengas, es la mejor escusa para no encontrarme a mi. Y verme, con los ojos cerrados y frente al espejo, en lo que nunca hubiese deseado convertirme. Alguien sin voz y con el único deseo de gritar a todo, a nada. 

A todos, y a nadie.

A ti, y a mi.

(Dondequieraqueestés)

Mónica Gae.

5 comentarios:

  1. Olvidar quien solíamos ser creo que es el mayor de los castigos. En esos casos supongo que lo mejor que podemos hacer es intentar pensar en quién somos, para seguir siendo como creemos ser.
    No inventes la necesidad de necesitar a nadie. Los sentimientos son más bonitos cuando no son necesarios, sino inevitables.

    (Bonito blog)

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  2. Los fantasmas cambian de nombre. A veces recordamos, quienes fuimos.

    Creo, sinceramente, que a veces es mejor olvidarlo. Y, claro, sentarse con los fantasmas a jugar a las cartas. Y beber, y reir.

    Saluditos, Mónica.

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  3. Yo prefiero seguir escuchándote en silencio, prefiero seguir leyendo tus versos disfrazando sentimientos encontrados y algunas veces un poco dispersos, yo prefiero seguir enamorándome de lo que callas de lo que no escribes, prefiero seguir susurrando tu nombre sin que nadie ni siquiera yo pueda escucharlo, ¿Por qué? Porque así es más fácil entender tus dilemas, así es más paradójico leerte entre líneas.

    ¿Sabes? A veces las barreras son más cortas de lo que parecen y yo prefiero seguir enamorándome de ti en silencio si prefieres pero en fin de ti. Pocas veces te escribo es raro que lo haga creo y es la segunda vez que lo hago. Pero es que contigo las palabras no bastan suelen ser repetitivas, te dicen una y mil veces lo buena que eres escribiendo entre tantas otras cosas, pero la verdad es que no hay palabras por mejor acomodadas que se usen.

    Algunas veces creo escuchar tu voz con el viento y sonrío al creerme mi locura, pero a diferencia de todos y de nadie yo no busco tus palabras, ya no, ahora me basta con sentir todo aquello que no quieres dejar ver en tus líneas, ahora me basta con escuchar tu voz aunque no sea para mi. Ni siquiera creo que te des una idea de quien soy y eso sigue sin importarme, ya no.

    Eres la mejor historia de un perfecto libro. Mi perfecto libro. Me guardo cada una de tus palabras como un valioso secreto y en silencio… []

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    1. Es precioso esto que has escrito... ¿Quién eres? Siento no haber respondido antes, he estado un pelín "incomunicada", y el wifi no daba para mucho. Te lo repito...¿quién eres? Respeto tu anonimato pero sería una pena no ponerle nombre al sentimiento que has descrito, espero que leas esta respuesta.

      un abrazo, anónimo :)

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  4. Llego de rebote de un blog a otro, pero muy sorprendido de la belleza de tus palabras alineadas y con el eco de tu voz en mis oidos.
    Seguramente repetiré visita. De momento hago como los que allanan morada ajena y remiro cajones para ver como son los que aquí habitan.

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