martes, 3 de abril de 2012

Ladrón de guante blanco.


Necesito girarme en plena noche y sentir que estas aquí, a mi lado. Necesito acariciarte mientras duermes, poner mi mano sobre tu pecho y asegurarme de que sigues respirando...

¿Sigues respirando?

Hace tanto tiempo que no escucho tu voz que creo oírla en cualquier lugar. Las agujas del reloj se acercan a las cuatro, y sin ganas de si quiera intentar dormir únicamente pediría una cosa. Una palabra que se escape de tus labios y me ayude a seguir. Un mensaje que se cuele entre las líneas de mi espalda.

Llámame, aunque sólo sea para devolverme a mi estado original, justo antes de conocerte. Justo antes de tener todo cuanto hubiera deseado, justo antes de perderte. Ni en mil palabras podría describir todo lo que te llevaste, el dolor que me desgarra al escribir estas palabras.

Devuélveme el valor, ni siquiera estoy hablando de orgullo. Quédatelo, quédatelo todo. No necesito seguir fingiendo que soy de piedra, que no me afectas. Sigues doliéndome tanto como el primer día, cuando te llevaste todo cuanto tenía.

Hacías tan fácil la posibilidad de regalarte todas y cada una de mis piezas, que nunca imaginé volverlas a necesitar. Y ahora, tumbada en ningún sitio se me clavan los segundos como astillas en el pecho. No puedes imaginar el dolor que he conseguido exprimir de cada recuerdo.

Hace demasiado tiempo que me desintegro.

Y no puedo moverme, y tú, no estás aquí para evitarlo. Se suponía que debías coger mi mano, sostenerla fuerte y levantarme de cada caída. Sin embargo, son casi las cuatro de la madrugada de cualquier día de Abril y sigo tropezando con cualquier obstáculo que lleve tu nombre, que me recuerde a ti.

Sigo perdiendo poco a poco todo lo que soy con la esperanza de encontrarte. De que me encuentres, o de acabar con esto. Fingiendo tener un corazón de hielo cuando en él siguen talladas nuestras iniciales.

Nunca dejé de amarte y tú nunca quisiste que lo hiciera. ¿Por qué me hablaste aquella noche? ¿Por qué quisiste conocerme?

Dijiste que era la nostalgia y te acercaste en aquel bar, dijiste que mi silencio retumbaba en tu cabeza como la mejor canción. Te acercaste y sonreíste. Sonreíste y me robaste todo lo que hoy no tengo, ganas de ser yo sin ti. Ganas de empezar de nuevo.

Ganas de olvidarte. 



Mónica Gae

7 comentarios:

  1. Receta: La mancha de una mora con otra mora se quita.
    DIY: Un clavo saca otro clavo.
    Opinión: Es bonito y triste, como la vida misma.

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  2. Si todo lo que escribes es realidad, has vivido esa relación y ahora sueñas con recuperar u olvidar, es algo maravilloso, ya que debemos sufrir para darnos cuenta que existimos, pero al tiempo luchar por el amor que sentimos en ese corazón que nos provoca tanto sentimiento. Son amores perdidos? nunca hay que dar nada por perdido mientras seguimos aqui, la lucha es algo que llevamos en nuestro interior y no nos atrevemos a ponerla en marcha y nos adaptamos a lo que llega, por eso somos débiles y muchos acaban por tener una vida con alguien que ni le corresponde ni le hace feliz, y mientras tanto sigues soñando con aquel amor por el que no tuviste agallas de luchar. Hay que ser valientes y no dejar tanto sentimiento solo en palabras, los actos son nuestra carta de presentación y merece la pena ACTUAR!!
    No seamos comodones y aceptemos cualquier cosa, eso es vaguería!!

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    1. ¿Y qué se debe hacer cuando lo que echas de menos, es lo último que te gustaría recuperar?

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    2. Todo son sentimientos encontrados y la mente choca con el corazón.
      Lee lo que dice el Anónimo siguiente, 4 abril: atrévete a saber lo que podría pasar o haber pasado, pues mientras no lo vivas nunca sabrás realmente si hubiera merecido la pena seguir adelante. No tiene sentido utilizar jamás la palabra: arrepentimiento.

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  3. Soy yo, soy la persona que esperas, no hay antes, sólo hay ahora, cojamos el coche y corramos tanto que el sonido de las voces que dicen que no no nos alcancen.
    Hagamos lo que nos quedó pendiente y quedemos tan agotados que no podamos pensar en lo que tememos hacer. Y entonces dejémonos caer por la pendiente, hacia nosotros mismos o alejándonos.
    Y entonces por lo menos, nunca nos quedará la duda de que hubiera pasado si lo intentamos.

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    1. El amor no surge de cenizas, de polvo o partículas. El amor nace sin indicios de vida y es capaz de causar la mayor de las agonías, la peor de las muertes. Intentar ponerle nombre a algo con semejante capacidad de cambio, de esperanza, de dolor o lágrimas de alegría no debería estar en manos de algo tan efímero como el ser humano.

      Y menos si ese ser humano, carece de nombre propio haciendo de su identidad una máscara reflejada por siete letras. Anónimo.

      Sería más fácil sin antifaces.

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    2. Mira, tu problema lo has escrito sin darte cuenta. Crees que no depende de tí. Pues sí depende, pero a cambio tendrás que asumir las consecuencias de tus errores.
      Yo creo que merece la pena.
      ¿por qué mi antifaz? Porque en persona no te haría feliz pero te lo pudo hacer en pequeños lapsos de tiempo, sonrisas de 30 segundos, una parte leyendo, una parte mirando unos centímetros más abajo de la pantalla ensimismada. ¿Sabes? Creo que noto cuando lo consigo.
      Y sólo lo puedo conseguir así.

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