lunes, 16 de julio de 2012

Medios besos y medias tintas.


Déjame quererte a medias, odiarte un poco. Que a mí me encanta tu sonrisa pero no me vuelve loca. Y oye, así es perfecto. Tú y yo no necesitamos coartada. Bien sabes que mi corazón pierde sangre con cada latido y bien sabes que no es por ti. También yo sé en quién piensan tus labios, o al menos sé que no es en mí. Y qué más podemos pedir si somos cicatrices sin puntos de sutura.

Vamos, levántate que se nos hace tarde. Dúchate tú que ahora te alcanzo yo. Prepara café que yo lio un par de cigarros. Ay, qué suerte dar contigo, qué bien saben mis heridas en tu lengua. Tu saliva me anestesia, me retuerce y me calienta. Dime, ¿cómo se llama ella? ¿cómo te dejó escapar? No, espera. Mejor no me lo digas. Bésame primero y luego, si eso, te lo vuelvo a preguntar.

Mientras, seamos la mitad de un cuarto de nuestras vidas, seamos un poquito de lo tanto que nos queda en el desván. Finjamos un par de minutos al día que nos queremos a medias, o al menos, que no queremos a otros labios. Solos tú y yo, ¿te imaginas?

Cuánto amor sin utilizar, qué pena, qué lástima. Cuántos besos y caricias y piel de gallina sin probar. Yo te cedo mis lunares, tú procura no perderlos. Cédeme tú a mi tus ojos, o al menos esa forma que tienen de mirarme a veces, cuando el pelo se me alborota y te recuerdo a ella. Es muy dulce y trágico y casi ácido todo esto, pero no sabes lo adictivo que también resulta. Qué mezcla de sabores, qué éxtasis gustativo.

Si te fijas, somos la historia de amor perfecta. Pero sin amor. A mí me vuelven loca tus manías y a ti te pierde ese punto triste que dices que tienen mis manos. A mi me encanta acurrucarme sobre tu pecho y a ti te hacen gracia esos pequeños gemidos que no puedo evitar si me tocas cierta parte de la espalda. Y qué bien te conoces esa parte, oye.

Anoche le estuve dando vueltas, ya sabes, a esto que parece que somos sin serlo. Es curioso, inquietante incluso. No todo mundo sería capaz de comprenderlo, qué pensarían si lo supieran. Dirían que nos conformamos mutuamente, que somos pura simbiosis, que alguno puede salir herido, que no es sano. Dirían que somos las migajas de dos historias, como esas películas que se cortan a mitad y luego te toca a ti imaginarte el resto.

No tienen ni idea, pobres. Tampoco les culpo, no es fácil de explicar. Tú y yo somos en realidad pura poesía, puro drama me atrevería a decir. Somos parte de un naufragio, tú me salvas a mí y yo a ti. Nos damos bocanadas de aire y resucitamos cada noche entre orgasmos y formas de placer desconocidas. Somos todo lo que podríamos ser, nos damos sin pedir a cambio todo cuanto podemos darnos. Yo te regalo el silencio justo para pensar en ella y tú me das a mí mis ratos para soñar también. Pero solo ratos, el tiempo justo.

Luego tú me preguntas en qué estaba pensando y yo te miro y te digo que deberías haber dicho “en quién”. Tú te acercas y me regalas tu sonrisa más tierna y me miras como se mira a una niña que se acaba de caer y no quiere llorar delante de los otros niños. Me das un beso y me acaricias la cara y me preguntas si ya se me ha pasado. Yo te digo que si pero que necesito otro. Tú me lo das y yo te sigo pidiendo más. En realidad sabes que por muchos que me des nunca se me pasa del todo, pero me pides que te mienta y yo te engaño sin pensarlo.

Luego eres tú quien se ausenta en mi misma cama y yo te escribo en la espalda el camino de vuelta hasta mi pecho. Y tú lo encuentras, aunque a veces tardes en mirarme a mí sin pensar en ella. Pero siempre acabas mirándome. Siempre acabamos encontrándonos.

Nos curamos, nos desinfectamos de esta vida perra. Nos besamos en la frente cuando algo va mal, y en el resto del cuerpo cuando todo va mejor. Y qué labios. Qué ojos. Qué forma de mover la lengua. Qué manera de cicatrizar más dulce. Sin mentiras, con las cartas en la mesa.

Porque la mitad de dos besos acaba formando un beso entero y yo sé que nos medio besamos, nos medio sentimos, a veces nos medio queremos y a veces, incluso,

 ...un poco más.


Mónica Gae.

3 comentarios:

  1. No sé qué decir.
    Quizá sea mejor no decir nada.
    O simplemente gracias.
    Por tu arte.

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  2. Justamente lo que siento. Gracias

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