sábado, 18 de agosto de 2012

A veces, sólo a veces.


 a veces.

sólo a veces. te siento a mi lado y hasta alcanzo a oler tu pelo pero. siempre huyes. siempre dueles. y siempre es sólo a veces y nunca es sólo un rato donde volver a perderte. a veces. intento imaginar qué estarán haciendo tus dedos ahora, qué piel andarán besando. pero sólo a veces. y enciendo el portátil y tecleo tu nombre en esa pestaña donde absurdamente dice “buscar personas, lugares y cosas”. qué irónico. “personas, lugares y cosas”. si Facebook supiera.

y entonces, aparece tu cara ahí, siempre en primer plano de mi mirada. y me inundo en tus ojos y en tu boca y en tus labios y en tu todo. me sumerjo. me mutilo. acaricio el vacío de lo que ya no es mío. reniego mi suerte y suspiro y pasan tus fotografías. una tras otra. y yo voy perdiendo el oxígeno y mi habitación se infecta del sabor de no tenerte. de aire tóxico. de niebla y lluvia y una ciudad sin ti. es mi cama entonces la que te echa de menos. pero sólo a veces.

anoche, por ejemplo. que escuché tu nombre en voz ajena. voz en off. yo estaba en la playa y pregunté 
a quien estaba conmigo si sabía algo de Astronomía. ya sabes. por si acaso había oído hablar de ti y lograba ubicarte entre tanta estrella. entonces, y pese a toda probabilidad de que eso sucediera, sucediste. ahí estabas tú, con tu piel desnuda y el nombre de Rayo Verde.

un fenómeno estelar que aparece cada amanecer, ¿sabes?. justo cuando el Sol y el mar están en un único y fugaz punto exacto del horizonte. cuando ni uno ni otro se atreven a ser protagonistas del momento. en ese instante, y sólo en ese, comparten papel y.

durante unas milésimas de segundos, el Sol y el mar se mercen  sobre un falso infinito y se deja entrever, -allá donde los sueños se pueden alcanzar, tu nombre y mi nombre tras el pseudónimo de Rayo Verde. una luz directa y efímera, un haz de color repleto de un millón de matices y reflejado y resumido en un solo tono entre azul y ocre.

solo unos pocos han conseguido verlo. y aún son menos los que han logrado inmortalizarlo a través de un ingenuo objetivo de cámara.

¿entiendes ahora por qué me acordé de ti?

sangré tu nombre camuflado en otro. repetía intoxicada una y otra vez la descripción de aquello que tanto se parecía a ti. a mí. ansié en ese momento que fueras tú quien estuviese a mi lado. ansié en ese momento hacerte el amor en el mar y susurrarte muy bajito y al oído que has sido lo más bello y más doloroso que ha besado mis pestañas. te tengo. aún te tengo en mi piel. tus dientes siguen aquí, por si los estabas buscando. tus ojos tus manos tu pelo tus maneras, siguen aquí.

tu olor en cambio siempre desaparece. se va. supongo que a los brazos de ella. y no la culpo. qué envidia y qué suerte y qué triste si no sabe que tiene.

pero qué más da. supongo.

(estas cosas sólo me las permito pensar a veces.

sólo a veces)

Mónica Gae.

3 comentarios:

  1. A veces, sólo a veces, es necesario pensar en las cosas que nos hacen daño. La verdad es que no sé por qué es necesario. Quizás simplemente para que seamos conscientes de que estamos vivos y somos una cojunción de dolor y placer. Pero hay que saber también entender que sólo a veces, y no superar la frontera que nos lleva a la autodestrucción. Cuando una persona consigue cosas que sólo unos pocos, o sólo esa persona son capaces de conseguir, es inevitable que el dolor y el placer que nos proporciona sea mayor al que podría proporcionarnos cualquier otra. Pero yo soy partidaria de quedarse con lo bueno y pensar que por delante tenemos cosas mejores....

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  2. Un atractivo ejemplar, eso tenemos de nueva cuenta aquí, debo confesar que contigo suelo usar guantes al leerte, pues bien sabes que (hay que utilizarlos cuando manipulamos un libro porque, por una extraña paradoja, si bien los libros adquieren vida cuando los leemos, la grasa de nuestras yemas los destruyen cuando pasamos las páginas) con el transcurso del tiempo y mas aun si es un libro valioso y antiguo.

    Como una primera edición ejemplar y de colección, de aquellas que jamás vuelves a ver, reiteramos, tú, un libro que es más que merecedor de esos guantes, tú, la reconstrucción del tesoro codiciado por fanáticos del arte. Esa pluma tuya que es testigo de tus letras, que es confidente de tus secretos, debe estar mas que saciada por tener el infinito pecado de placer, pues tus dedos deslizan su entorno, de extremo a extremo, incluso a veces me atrevo a imaginar que es presa del delirio del roza de tus labios.

    Cuanta suerte debe tener es pluma, mira que dejarse fusionar con el papel en el que escribes y tener el morbo de bailar con cada una de tus letras, ese, debe de ser un pecado echo desde el cielo, una condena permitida sin importar que después, llegase a tocar el infierno.

    []

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